Fascimil de la revista Carta Lírica
correspondiente al año de la
premiación, 2005.
Lectura de algunos de los poemas del libro
"Desde lo más recóndito",de la premiación.
Francisco Henríquez, Unión de Reyes, Cuba, 1928
carta_lirica@yahoo.com

fhenriquez1@bellsouth.net
De pie, de Izquierda a derecha, Ricardo
Calderón, Orlando Tijerino, Raúl García-
Huerta,  Carmen Locay de García Huerta,
Ivonne Martín, Hortensia Munilla, Francisco
Henríquez, Noemí Fernández Triana, Luis
Ángel Casas, Jorge A. Pérez… sentadas
Maríaceleste Tijerino, Eloísa Henríquez y
María del Carmen Smit.

Reunidos en el restaurante El Cristo, Miami,
2 de noviembre, 2008, con motivo de la
apertura de las plicas con los nombres de
los ganadores del XIII certamen de Carta
Lírica.

Para el Jurado, para los concursantes y
para  todos los presentes,  nuestro afecto
agradecido
RÍO SAN ANDRÉS, EI LABERINTO
UNIÓN DE REYES, CUBA

Este río, que agachado
está en la tierra conmigo,
casi cien años de amigo
lo he visto estar a mi lado.
A tal punto hemos llegado
en la compenetración,
que cuando por la región
ando en busca de capullos,
yo canto con sus arrullos
y él repite mi canción.

Francisco Henríqueaz
LA CONQUISTA DE AMÉRICA

(En 60 sonetos)

Primer Premio V Centenario, (1492-1992)

I

América se inclina en reverencia:
Se descubre ante España y la saluda.
Resulta natural que un hijo acuda
donde la madre que le dio su esencia.

Por la misma razón de la existencia
que en un lazo de sangre nos anuda,
y por esa intuición que nos ayuda
volvemos al lugar de procedencia.

Por la exacta verdad que relaciona
los nacidos hispanos de esta zona
con los hijos de Iberia la Inmortal,

celebremos el Quinto Centenario
y que conste en el nuevo calendario
como fiesta de gloria universal.     

II

Aquellos domadores de los mares
salieron con un sueño desde España,
y realizaron la más grande hazaña
que recuerdan los tiempos seculares.

Marinos que sufrieron los azares
de las olas, el viento y la cizaña,
hasta que vieron una tierra extraña
muy lejos del calor de sus hogares.

En el principio, en su ideal, Colón,
no pensaba encontrar esa región
sino nuevos caminos hacia Oriente.

Y fue un aliento de valor profundo
descubrir el vergel del nuevo mundo
sobre el mapa del vasto Continente

III

Cuando quiso partir del patio ibero
muchos problemas por salvar había,
porque entonces Colón no disponía
de barcos, provisiones ni dinero.

Visitó más de un trono aquel viajero
recabando recurso y compañía,
y la reina Isabel, que en él confía,
le dio su ayuda contra todo fuero.

Una vez que consigue los avíos
reorganiza su gente y sus navíos
y una mañana venturosa, parte...

¿Qué persigue Colón? Una esperanza,
que se pierde cual luz en lontananza,
¡con la voz de Castilla y su estandarte!

IV

Navegaron las noches y los días
por un mar infinito y proceloso,
seguidos por la sombra y el acoso
de las fieras del mar, y las bravías

tormentas, que producen averías
en los frágiles barcos, y el borroso
confín de la distancia, tenebroso,
por esos bosques de las lejanías.

Un barco tras el otro; rumbo cierto
mas sin saber si encontraría puerto;
ni siquiera el amparo de una rada...

El fin que procuraba era impreciso:
fuera de todo necesario aviso
nadie tenía certitud de nada.

V

Pero la fe que los mantuvo alertas
nunca a su gente le llegó a faltar
y continuaron frente al restallar
del destino y sus ráfagas inciertas.

Tocaron muchas nebulosas puertas
en la casa marina, en alta mar,
hasta que un día, casi por azar,
vieron las abras de la gloria, abiertas.

¡Tierra!, gritaron los exhaustos hombres,
y aquellas islas recibieron nombres
de princesas, de príncipes y reyes...

En los valles, al pie de las montañas,
se elevaban las frágiles cabañas
de los taínos y los siboneyes.

VI

Sobre el rigor de las inmensas millas
llegaban los valientes navegantes
a unas islas situadas muy distantes
del calor de la patria y sus orillas.

Llegaron hasta el mar de las Antillas
en luchas contra vientos y menguantes,
y encontraron un suelo de abundantes
arroyuelos, cascadas y avecillas.

Al ver cercano el litoral verdoso,
sintieron en los ánimos reposo
y bajaron las velas de improviso...

Admiraron, estáticos, las tierras
en cuyos valles y elevadas sierras
el cielo cobijaba el Paraíso.

VII

Rielaban sin cesar por las estelas
de un mar a todas horas intranquilo,
siguiendo el rumbo sin perder el hilo
de acuerdo con los palos y las velas.

Usaban las más rígidas cautelas
y obraban con el máximo sigilo.
Solían guarecerse en el asilo
costeño, y proteger sus carabelas.

Por aquellos inhóspitos rompientes
vadeaban la presión de las corrientes
que formaban vorágines horribles.

Mas los hombres penurias resistieron
y fuerzas poderosas se impusieron      
contra tantos obstáculos visibles.

VIII

Como si hubiera sido cartomántico,
su intuición visionaria le decía
que un mundo nuevo para él yacía
más allá del misterio del Atlántico.

Aquel divino amanecer un cántico
de esperanza la hueste repartía,
para hacer la gloriosa travesía
que casi semejaba lo romántico.

Bajo el tibio fulgor de las estrellas
las tres naves flotaban por aquellas
interminables líquidas llanuras

y los líquidos montes del oleaje,
como si tras la realidad del viaje
viajara el genio de las aventuras.

IX

América brilló en el derrotero
que trazara Colón al Occidente.
Caminos para un mundo diferente
se abrían como mágico astillero.

Y este jardín de tropical venero
fue soplo grato para aquella gente
pues al hallar la prodigiosa fuente
se colmaron la sed y el resistero.

Colón quedaba de poder provisto...
"Es la tierra más bella que hayan visto
ojos humanos", ¡murmuró la tropa!

La historia tuvo su mejor segundo:
al saberse el hallazgo de otro mundo
sufrió tremenda conmoción Europa.

X

Habían descubierto a Cuba o Juana,
como el Gran Almirante la nombró,
mas la flota, impaciente, continuó
viajando al grito alentador de Triana.

Después llegaron a Dominicana
que Hispaniola, la tropa la llamó,
donde tiempo más tarde se erigió
la primera ciudad americana.

La bravura y la fe se dieron cita
cuando erigieron la primera ermita
de la nueva región de la Corona.

Y es triste recordar el sufrimiento
de los nativos, tras el ahorcamiento
de su joven princesa, Anacaona

XI

Esta tierra de inciensos tropicales;
esta tierra de sueños: la Hispaniola,
le bastó al almirante, por sí sola,
para tener las bendiciones reales.

Bartolomé Colón, con sus iguales,
exhibe de los triunfos la corola,
coronando la isla con la aureola
de todos los valores coloniales.

El férreo y triste Nicolás Ovando,
gobernó dicha Isla con nefando
pensamiento de gente sin virtud.

Destruyó los santísimos orígenes
al darles a los pobres aborígenes
el tratamiento de la esclavitud

XII

Llevados por las olas y el vaivén
del undoso Caribe y de la brisa,
la hora señalaba con más prisa
la presencia cercana de otro edén.

Con esas esperanzas en la sien
le aflora la ilusión en la sonrisa
cuando bañada en arrebol divisa
como diosa de sol, a Borinquén.

Y penetra los montes cuyas faldas
parecen cordilleras de esmeraldas
que acollaran la magia de su sueño.

La bella isla de esplendor y canto
le brindaba a sus ojos el encanto
de aquel vasto paisaje caribeño

XIII

Descubren a la vez islas hermosas
en ruta de Jamaica a Gran Caimán,
mientras tanto pasaba un huracán
por aquellas regiones borrascosas.

Por noches desoladas y lluviosas
navegan sin un débil ademán;
están urgidos por el noble afán
de aclararles las rutas a las cosas.

Al pasar la tormenta huracanada,
la suave brisa de la tarde alada
la blanca arena de las playas peina.

Y aquellas islas de exquisitas flores,
conjunto de cadencias y colores,
las bautizan: Jardines de la Reina.


XIV

Pero antes de seguir hacia adelante,
debe quedar en la mejor constancia,
lo que fue de muchísima importancia
para el viaje del ínclito Almirante.

Fue el hecho de llegar al fascinante
suelo canario, de cordial estancia,
que es la bella región, una distancia
del destino final, menos distante.

Tuvo calor allí más que de amigo,
porque tuvo el afecto y el abrigo
de un pueblo laborioso y abnegado.

Tras de irse de aquellos territorios
los cantos por Colón eran notorios
y aquel pueblo bendijo su legado.

XV

Las Islas fueron los divinos puentes
para unir a dos tierras muy lejanas;
las almas de las voces castellanas
por ellas alcanzaron nuevas gentes.

Los marinos –históricos videntes–
dejaron las costumbres cotidianas,
y se fueron al mar en sus chalanas
en busca de horizontes diferentes.

En Canarias tomaron provisiones,
y con la ayuda de sus oraciones
surcaron el indómito elemento.

Fue Canarias ayuda que el destino
colocaba a Colón en el camino
de realizar el perdurable evento

XVI

Hasta el nuevo jardín americano  
los canarios llegaron con su gracia,
y con el rico aroma de su audacia
vertieron de su amor y de su grano.

Las tierras cultivaron con la mano
bajo el techo del pino y de la acacia
y siguieron su marcha siempre hacia
las altas metas del sentir humano.

Estos maestros de la agricultura,
sembraron de su mágica ternura
las tierras de la América sonora.

Y con la fuerza de una luz divina
las aguas de la lengua cervantina
regaron, cual prodigio, por la flora.

XVII

Bajo el Sol, por el valle y la colina,
la simiente del Gran Descubridor
puso un noble canario sembrador
sobre cada parcela campesina.

Y fue un huerto la América Latina
–campiñas cultivadas con amor–
donde cada pequeño agricultor
rellenaba de fiambres su cocina.

La América se siente satisfecha
con haber recibido la cosecha
de manos del benévolo canario...

Y agradece también con noble tino
la asistencia que fue para el marino,
Canarias, en el tenso itinerario.

XVIII

A cinco siglos del grandioso evento,
por el mundo de estirpe castellana,
como grandeza de virtud humana,
le erigen a Colón un monumento

los seres de preclaro pensamiento
que están unidos a la fe cristiana,
con rasgos de una fecha tan lejana
como la misma del descubrimiento.

Pues el evento resultó tan grande
que por un ámbito sutil se expande
como una inextinguible claridad.

Y la voz del planeta agradecido
le rinde el homenaje merecido
por orden de la justa humanidad.

XIX

La fuerza colosal de aquel suceso
no tiene paralelos en la historia...
Los astros infinitos de la gloria
coronaron a España en el proceso.

Los nuevos moradores fueron eso:
guardianes de la tierra promisoria,
y entonaron cantares de victoria
por los valles uncidos al progreso.

Con la ayuda Divina y la del Trono,
se impuso la destreza del colono
floreciendo en la faz continental.

El dominio de España se extendió:
la nueva realidad la transformó
de nación a potencia universal.

XX

La conquista del suelo ultramontano
fue labor persistente de titanes,
que llevaban consigo los afanes
del esfuerzo tenaz y sobrehumano,

más allá del ardor del resolano
y sufriendo ventiscas y huracanes;
a las tierras de bellos flamboyanes
llegaron bajo el sol del meridiano.

Penetraron las fértiles llanuras
y gozaron las verdes espesuras
exóticas en cantos y en belleza.

Tomó forma la nueva geografía:
la plétora de hechizos que ofrecía
su rústica y feraz naturaleza.

XXI

Tras haber conocido las regiones
por distintos sistemas rutinarios,
los decididos expedicionarios
organizaron las expediciones.

No había suficientes condiciones
para ver los distantes escenarios,
pero fueron haciendo itinerarios
y estableciendo comunicaciones.

Al Norte, al Sur, al Este y al Oeste,
sobre mar agitado o suelo agreste
dio comienzo la acción exploradora.

Los indios atacados se ofendían
y sus fértiles tierras defendían
contra aquella misión renovadora.

XXII

Lucharon contra muchas inclemencias
de enfermedades, fieras y ciclones,
muy propios de las tórridas regiones
en tiempos de lluviosas persistencias.

Padecieron horribles experiencias
en las más miserables condiciones.
Se les perdían las embarcaciones
por motivos de varias procedencias.

No todo fue de brillo donde el oro
se esperaba que fuera ese tesoro
que persigue el marino aventurero.

Pero fue la grandeza del destino
que Dios iluminara ese camino
y otro mapa trazase aquel viajero.

XXIII

Al entrar los primeros efectivos
en las islas boscosas del Caribe,
la indiada resentida los recibe
con piedras y flechazos agresivos.

Si venían por medios muy pasivos
–según en las memorias se describe–
la cuadrilla invasora no concibe
la iracunda actitud de los nativos.

Perecieron, allí, los españoles
al perder, en el sitio, los controles
tomados por los indios y sus lanzas.

Es famoso el pasaje que se cuenta
de una matanza de verdad violenta
sobre la zona de la actual Matanzas

XXIV

Luego, la burla vil contra el indiano
por encomienda a los encomenderos,
que hacían el papel de ganaderos
pastoreadores del vacuno-humano.

¡Cinco indios irán a don Marciano!
¡Cuatro negros irán a don Mederos!
¡Se venden más esclavos! Los potreros
tenían indios desde el monte al llano.

La trata de los indios se acentúa,
la esclavitud del negro continúa...
La conquista era lucha necesaria.

Y detrás de los pobres barracones
la tierra de los viejos callejones
lloraba a gritos la miseria agraria.

XXV

Cuentan que los caballos y los perros
fueron la estampa del terror al trote,
con la persecución que fue el azote
más allá del vibrar de los cencerros.

Aquellas marcas de candentes hierros
y otros hierros prendidos al cogote,
que debían llevar como un lingote
por el trillo escarpado de los cerros.

El rastro que dejaron las cadenas,
todavía es un llanto en las arenas
de las playas de México, Brasil,

Colombia, Venezuela, Guatemala...
¡cual el brillo de azufre de una bala
cuando brilla en la boca de un fusi

XXVI

Aquellos que tuvieron, por Colón,
los triunfos obtenidos y las famas,
quisieron abrasarlo con las llamas
del odio, de la envidia y la traición.

(El hombre, cuando tiene la visión
recubierta de espinas y de escamas,
de nublar los ajenos panoramas
no puede resistir la tentación).

Lo circundaba mucha gente pobre
–pobres del alma y corazón salobre–
como aquel corazón de Bobadilla,

que detiene a Colón y lo encadena;
lo juzga injustamente y lo condena
devuelto sin honores a Castilla.

XXVII

Bobadilla –señor de manos crudas–
gustaba cometer actos atroces;
quiso callar las disidentes voces
con represiones de miradas rudas.

Y con el mismo proceder de Judas
gritaba ofensas y tiraba coces...
Las mentiras volaban tan veloces
que despertaron reservadas dudas.

No fue por orden de los reyes todo,
pero la gente se revuelca en lodo
si subvierte los límites del mando...

Servidor o lacayo ¡lo que fuese!
mas nadie le creía que lo hiciese
por orden de Isabel o de Fernando.

XXVIII

Repuesto del ultraje inverecundo,
siendo ya por el rey exonerado,
reorganiza Colón, más alentado,
la cuarta travesía al nuevo mundo.

Pero, devuelto a España, furibundo
el rey, no quiso verlo, y desolado
se fue a Valladolid; casi obligado
por la suerte, se viste de errabundo.

Y murió en el olvido y sin honor;
con título de Gran Descubridor
y muerte con pobreza de bohemio.

Se marchaba sombrío el Almirante:
genial conquistador del más brillante
camino para el Trono, ¡vaya gloria!

XXIX

Pero el mundo seguía su carrera:
Mandados por ajenos gladiadores
los indios se volvieron sembradores
y despojados de su propia esfera.

Conquistados y frente a la bandera
de los nuevos altivos mandadores,
tuvieron que sumarse a las labores
de la vasta y salvaje sementera.

Protegía el lindero el mayoral,
con el látigo en mano y la señal
del temido reflejo del machete.

Se diría que estaban ante un diablo
que engañaba a la oveja del establo
con atuendos de bíblico jinete.

XXX

Juan Ponce de León, por la avenida
de los mares, al Norte se adelanta:
Salió de Borinquén y sentó planta
sobre tierra soleada y prometida.

Nuevo hallazgo lo eleva y enseguida
su nombre en la Corona se levanta,
y nombra al suelo donde el aire canta
con un nombre de sueños: La Florida.

Juan Ponce de León, según se cuenta,
procuraba un tesoro en la tormenta
de los tiempos cargados de inquietud.

Y en las costas del nuevo Continente
descubrió los milagros de una fuente:
¡La fuente de la eterna juventud!

XXXI

Mas Ponce de León dejó los lares:
Pánfilo de Narváez llega luego
por la tierra del agua, del sosiego
y las grandes llanuras y pinares.

En el húmedo suelo de manglares
–vastas regiones de perenne riego–
y en elevados sitios, rojo fuego
de trópico, encendía los lugares.

Narváez descubrió la maravilla
que soñara la reina de Castilla
para hacer un castillo de verano.

¡Era tarde, muy tarde! Ya Su Alteza
dormía el esplendor de su belleza
junto al regio castillo del Arcano.

XXXII

Velázquez, ingenioso Capitán,
ordenador de eximia inteligencia;
Adelantado fiel de Su Excelencia
fue a la virgen región de Yucatán.

En todas las misiones que le dan
demostró refinada consistencia.
Sobre Cuba labora con paciencia
y sale victorioso en cada plan.

Le ordena al Capitán Hernán Cortés
que fuera de los mares a través
al territorio de los mayas bravos.

Pero estuvo en difíciles momentos,
pues en la zona de los monumentos
los indios no querían ser esclavos

XXXIII

Cortés redescubrió el país azteca
desde la maravilla de sus playas,
y vio que los aztecas y los mayas
eran gentes de templo y biblioteca.

Tenochtitlán representó la Meca:
pirámides, palacios y atalayas...
donde brillaban las ideas gayas
de la cultura y la visión tolteca.

La incógnita redime a Moctezuma:
que deja que el ayuno lo consuma
tras el flechazo de Guatimozín...

Aún perduran los días del misterio:
la majestad del portentoso imperio
tiene una historia de valor sin fin.

XXXIV

Navegaron ansiosos anchos ríos:
El Orinoco, El Magdalena, El Plata,
y El Amazonas... donde se desata
la corriente por ámbitos bravíos.

Bajo el cálido sol de los estíos,
entre el bullicio de la cabalgata,
donde el agua profunda se dilata,
se mecían, precarios, los navíos.

Es Hernando de Soto quien encuentra
destino lamentable, cuando entra
del Padre de las Aguas, por la ría,

porque sufre la muerte en el intento,
y su cadáver, desde aquel momento,
descansa inerme bajo el agua fría.

XXXV

Merece destacarse en esta loa
por marino gentil como genial;
intrépido y preclaro, sin igual,:
Vasco Núñez Balboa (de Balboa).

Con un gesto grandioso puso proa
rumbo al lado de América Central,
y llegó hasta el inmenso litoral
llevando una ilusión en su canoa.

Cruza el istmo boscoso y elevado
y descubre ese mar azul dorado:
del Pacífico vio lo inmensurable...

Su hazaña portentosa quedó escrita
con la tinta más bella, que, suscrita,
se queda en el recuerdo, perdurable.

XXXVI

Escalaron las cumbres más enhiestas:
desde el salto del regio Tequendama
vislumbraron el ancho panorama
de montañas, de valles y florestas.

Caminantes perennes de las crestas,
fueron en busca de fortuna y fama,
pero también los consumía el drama
de caminar con el recuerdo a cuestas.

El Aconcagua se asomó imponente:
desde el punto elevado el contingente
se acercaba al palacio celestial...

Y el inmenso Iguazú y el Chimborazo
fundieron las distancias en un lazo
bajo el fuego del sol meridional.

XXXVII

Recorrieron montañas y llanuras
de la rica región, y dondequiera
se hallaba la fulgente primavera
con frutas abundantes y maduras.

Arroyuelos crecidos de aguas puras
pasaban por los pies de la palmera,
y de un mar a otro mar el suelo era
como un huerto de nuevas aventuras.  

Se formaron ciudades en las costas,
en la fértil campiña, en las angostas
salidas de los ríos, y hasta el monte

poblaron los valientes inmigrantes...
y fue mundo de pueblos fascinantes
¡hasta dónde  llegara el horiz

XXXVIII

Los nativos de América lloraron
frente al arma rival del extranjero,
y sucumbieron bajo el rudo acero
de los poderes que los dominaron.

Aunque mentes oscuras criticaron,
España no perdió su porte entero,
y como un incontable semillero
los habitantes se multiplicaron.

Tras la llama divina de la hoguera,
renació la esperanza de otra era
bajo el tibio rescoldo de las brasas.

Y logró su designio la concordia
con la santísima misericordia
legada por el Padre de Las Casas.

XXXIX

No temáis a la muerte: Le decía
Las Casas, con sermones, a la grey,
en tanto dolorido el jefe Hatuey
en la llama infernal se consumía.

La gente conquistada no entendía
si era santa o maldita aquella ley:
La orden nunca vino ni del Rey
ni de la Reina. ¿Quién lo disponía?

(La gente, como tenga cierto mando,
nada en la tierra la detiene cuando
quiere echar al vencido en el averno

poniéndolo a vagar por el abismo,
y usando como excusa el ateísmo,
niega la entrada en el Edén Eterno)

XL

En aquellos momentos de tortura,
para Hatuey era ilógico el bautizo.
¿Por qué la iglesia del advenedizo
debió cambiarle su creencia pura?

(Dios igual sabe oír allá el la altura
que en la pradera de terreno hechizo,
y lee lo mismo el español castizo
que la lengua vulgar de la incultura).

(Luego de recibir los santos óleos,
sin haber depurado los petróleos
del diabólico lastre mundanal,

el hombre se libera de ser brujo).
La materia se queda sin más lujo
y el alma implora su mejor sitial

XLI

En la cumbre elevada del Turquino
la angustia se deshizo gota a gota,
y como una acuarela medio rota
se cayó sobre el Cauto cristalino.

De Cuba el cielo se volvió cetrino;
su mar compuso su más triste nota
y en un lugar de la región remota
se oyó el asombro del dolor taíno.

Se plasma la primera rebeldía
con un indio rebelde que moría
sin temer a la furia del flagelo...

Prefirió consumirse en holocausto
y no tomar el catequismo fausto
con cuya infamia llegaría al cielo.

LII

La conquista de América cambió
la forma de vivir hasta estos días.
España, con sus nuevas energías,
el comercio del mundo dominó.

La tierra de este suelo floreció
tornando fuertes las economías;
el tráfico mundial por varias vías
los productos de América vendió.

Las ciudades crecieron una a una
por medio del trabajo y la fortuna
que trajo la riqueza bienhechora.

Debido a la misión de los cantones
llegaron a formarse esas naciones
que son ejemplo de unidad ahora.

XLIII

Las razas existentes, por la falta
de amigos en sectores comarcanos,
dejaron sus terrenos en los llanos
y se ubicaron en región más alta.

Temerosos del mal que los asalta
resisten con las flechas en las manos.
Sólo el dios de los indios araucanos
les ofrece su ayuda y los exalta.

(La historia debe ir con la verdad
del principio hasta el fin. En realidad
la historia que se dice muchas veces,

en vez de ser verdad es puro cuento:
La historia verdadera es un recuento
de las grandezas y las pequeñeces)

XLIV

En Perú, se fundieron sangre y barro
para hacer de la cumbre sitio fuerte,
y fueron como un hálito de suerte
los hombres aguerridos de Pizarro.

Pero luego el desmán y el despilfarro
fulgieron como un látigo de muerte...
¡La opulencia en la altura se divierte
sin que importe la pena del guijarro!

Y Atahualpa moría como un ciervo
por las garras mortíferas del cuervo.
Pagó Almagro, el deseo, con su vida.

Pero el hijo de Almagro allí volvió
y el crimen contra el padre vindicó,
¡la muerte de su padre no la olvida.

XLV

Almagro, padre, que por Chile había
ganado tierras para el patrio suelo,
se fue sin glorias ni poder al cielo
por orden de Pizarro, ¡qué ironía!

pues tiempos antes la amistad unía
los dos hombres de idéntico desvelo.
¡Si el alma se rellena de oro y celo
se enloquece de infamia y cobardía!

Pero la historia no se acaba allí:
con la muerte del pueblo guaraní  
¡lloraba tristemente el Paraná!

Y América volviose una colonia
desde los llanos de la Patagonia
hasta el último valle en Canadá.

XLVI

Un cacique araucano sucumbió
flagelado por bárbaro tormento,
pero bajo el brutal hostigamiento
ni siquiera un quejido profirió.

Mas el sordo reproche se escuchó
sonoro como ritmo de alto acento,
y desde su corona hasta su asiento
la voz del Aconcagua retumbó.

La leyenda relata que el Quindío
no cupo de tristeza en el vacío...
¡Y si notan ahora que un volcán

despierta y erupciona en el reposo,
los indios imaginan que el coloso
siente la angustia de Caupolicán!

LVII

Por el ancho dominio de Araucania,
después de los terribles estertores,
con ayes de dolor, desgarradores,
los indios perecieron en la insania.

Caupolicán, de condición titania,
tenía sus valientes seguidores,
pero no soportaron los rigores
de una era de crimen y vesania.

Cundidos de mortal desbarajuste,
la mano fuerte que llevaba el fuste
les negó todo acceso a sus aldeas

hasta el mero dominio de los incas,
y en las aldeas levantaron fincas
para usarlos en múltiples tareas.

XLVIII

Tras la huida fatal de los cobrizos,
se hicieron necesarios replanteos,
con negros africanos, pobres reos,
descalzos, temerosos y rollizos.

Y las sirvientas de los raros rizos
quisieron a los blancos europeos,
de cuyos posteriores devaneos
nacieron los mulatos o mestizos.

(Al entrar una raza en otra raza
la sangre más potente se adelgaza
y entonces la epidermis se refina).

Por eso lo mestizo no es foráneo,
sino bello producto extemporáneo
de un acto de ternura repentina.

XLIX

Ayudó la afluencia de otras razas
en sus labores, a los cosecheros;
la cosechas llenaban los graneros,
las bodegas, los muelles y las plazas.

Pero siempre existían amenazas
de los corsarios y los bucaneros,
que tomaban los fáciles esteros
con su gente, navíos y barcazas.

La conquista fue dura, quienes digan
una cosa contraria es porque instigan
contrarios a fulgencias como el sol,

o viven con el alma sorda, inerme,
y se olvidan que el águila no duerme
donde duerme, sombrío, el c

L

Al final del glorioso recorrido
resulta tonto censurar a España
ni se debe decir que la campaña
no debió realizar so cometido.

Lo correcto pasó, ¿qué habría sido
de los iberos si en la hostil montaña
no hubiesen dominado y con su saña
los indios los hubieran perseguido?

Los indios, victoriosos, con su tropa
quizás hubieran invadido a Europa...
¡Viviría la América entre escombros,

manipulada por desdichas grandes,
donde se viera caminar Los Andes
sin estrellas gloriosas en los hombros!

LI

El Amazonas se hundiría sobre
las verdes dimensiones donde viaja,
y bajaría como un ser que baja
con la triste certeza de ser pobre.

Y en sus joyeles sobraría el cobre
sin anillos de sol; sin una alhaja,
tendría como albergue su mortaja
la negra tumba de la mar salobre.

Por mucho de ese desafuero rancio
mostraría a los siglos el cansancio
que recorre los viejos laberintos.

Ah, pero en cambio lo foráneo halló
más amplios horizontes y encontró
cauces abiertos, mejores y dist

LII

Una mezcla de esencias eslabona
la cultura de aquellos moradores;
los industriales, los agricultores,
celebran el progreso de la zona.

La situación benigna proporciona
los frutos abundantes y mejores.
A nadie mortifican los rencores
que primero asediaban la Corona.

Por la nueva unidad tañen los bronces,
que lo pasado fue rencor de entonces.
Perdonan al verdugo de Atahualpa,

y hay voces de románticos donaires
desde el alto fulgor de Buenos Aires
hasta las calles de Tegucigalpa

LIII

Los mediocres de turno han preferido
colocarle historietas a la historia,
pero no logran marchitar la gloria
de un evento de hermoso colorido.

Jamás los detractores han podido
sostener la insolencia acusatoria,
y dando vueltas a la misma noria
van cayendo en la noche del olvido.

Los que cundidos de mortal desidia
se alimentan del odio y la perfidia,
logran, apenas, rebasar el cieno...

Son Bobadillas de inmoral entraña
que, siendo hijos de la noble España
desprecian las bondades de su seno.

LIV

Demos gracias al cielo por la etapa
que trajo la vital transformación,
con la rica amplitud de la región
que Castilla coloca al nuevo mapa.

La verdad de la gloria se le escapa
solamente a los pobres de visión,
porque a los seres de imaginación
la vivencia más fuerte los atrapa.

Las ideas que mueven al progreso,
muchas veces proceden con exceso
que, aunque sea brutal, es necesario.

Por eso la invasión o la conquista
fue el sublime ideal de un altruista
con profundo sentido visionaries.

LV

El Niágara, imponente y colosal
como un piano colgaba del paisaje,
y entonaba rumores de homenaje
por la voz de la América triunfal.

En el ancho escenario occidental
y por todo el inmenso balconaje,
se notan en la esencia del lenguaje
consensos de calor excepcional.

Nos unió la inquietud del español,
que tiende puentes bajo el mismo sol
y atraviesa los mismo meridianos.

Así nos abrazó la patria ibera
cual río de ternura verdadera
que riega a todos los americanos.

LVI

No quedaron ni sombras ni rivales:
Sólo quedan palacios y avenidas
de suntuosas ciudades construidas
con rasgos de recuerdos coloniales.

Queda la magia de las catedrales
por voces españolas bendecidas,
y pequeñas parroquias concebidas
para los pobres de los arrabales.

Queda el romance de los malecones,
las marcas que dejaron los galeones
que llegaban en busca de fortuna.  

Y quedan los paseos y glorietas
en donde recitaban los poetas
bajo el áureo reflejo de la luna.

LVII

Nos quedan los bucólicos jardines
que circundan históricas plazuelas,
y angostas y adornadas callejuelas
construidas con rojos adoquines.

Nos quedan los antiguos cafetines
a donde frecuentaban las mozuelas
y mozuelos del barrio y las abuelas
traídas por sus coches o quitrines.

Y nos quedan costumbres: las tertulias
que nos salvan las horas –las abulias
de los mismos quehaceres y rutinas–

y amamos la guitarra y el flamenco
que acompañan con música el elenco
que alegran las parrandas pueblerinas.

LVIII

¡Que la historia relate lo que quiera!
¡Que la gente discrepe, qué más da!
Si la gloria se queda o si se va,
no cambia nuestro ser, ni degenera

la verdad o el querer, ni nos altera
la forma de sentir con Dios acá...
Pero es hora que el mundo sepa ya
que tuvo que pasar de esa manera.

Se padece mirando las desgracias,
pero gozamos si las democracias
reducen a ceniza a los tiranos.

El destino no es nada de misterio,
ni es preciso tomarlo por lo serio
ni debemos buscarlo en los arcan

LIX

El presente es un triunfo que rebasa
lo pasado, el esfuerzo y las penurias.
Cosiendo heridas, olvidando injurias
a una vida mejor el mundo pasa.

Si la gesta, sin odios se repasa,
veremos que las faltas son espurias.
Llevamos sin rencor cinco centurias
cual dos familias en la misma casa.

Desde el Ártico frío al Cabo de Hornos,
para darles cadencia a los contornos
vibra un canto de gloria por América.

Y, para que el fulgor no se limite
la canción de alabanza se repite
rindiendo culto a la nación Ibérica.

LX          

En lo más prominente de mi laudo,
donde el alma conserva sus diamantes,
la lengua que heredara de Cervantes
mantengo muy celoso, ¡a buen recaudo!

De aquella gente con delirio aplaudo
las obras de sus vidas importantes.
La historia los recoge en sus estantes
donde no los arrastra el sino raudo.

De España recibí como diploma
la bella idiosincrasia de su idioma      
¡digna de alzar el corazón del hombre!

Sus verbos no serán para mi abuso,
y merezco un castigo si los uso
para herir la nobleza de su nombre.


AFIEBRADO BESO

Después del beso que afiebrado hería
los contornos del nácar de tu cuello,
fue una llama sublime tu cabello
y en tus ojos un huerto florecía.

No sé qué néctar sin cesar fluía
de la fontana de tu talle bello,
y supe que en el ala del destello
mi pájaro de amor me renacía.

Te quedaste suspensa, delirante,
sobre blanco algodón alucinante,
junto al sueño de amor por ti tejido...

y ya no quise abandonar el lecho
de un árbol que creció desde tu pecho
para que un pájaro tuviera un nido.

HURACÁN DE OTRO AGOSTO

Katrina vino con maldad felina:
nos la vendieron como niña boba
y resulta que fue mucho más loba
que la loba del monte de la espina.

Nos distrajo con gracia femenina:
con sayuela de bruja y con  escoba
barrió barrios por mil... ¡Casi joroba
la Ruta de Coral... esta Katrina!

A cambio de la luz nos dejó el agua
y ahora Miami parece una piragua
mecida por la fuerza de un tsunami.

¡Un ciclón: uno más de nuestra serie
que deja sin piedad y a la intemperie
las tórridas palmeras de este Miami!

Coral Way, calle de Miami

Otra opción para los versos  10 y 14:
10) «y hoy Miami parece una piragua»
14) «las tórridas palmeras de Miami»

25 de agosto del 2005h


INALÁMBRIC.A

Extraño tu palabra si no llega
por el hilo invisible del correo;
lejana como estrella azul te veo;
la luna de tu  cielo casi ciega.

¡Cómo la luz de tu palabra riega
mi jardín agostado de ajetreo!
Me crece el corazón por el deseo
del agua que la vida ya me niega.

No me niegues tu río ni tu fuente
ni te vuelvas un valle indiferente...
Mis pájaros se mueren sin nidales.

Permite que los ricos surtidores
que te llenan de lirios y rumores
fertilicen de nuevo mis erialesINALÁMBRIC.

EROTISMO SENIL

Después de uno envejecer la llama
del erotismo erecto, se amortigua;
entonces arde como llama antigua
donde se goza lo que más inflama.

En este punto el sexo no reclama
nada más que la parte más exigua
de la carne que yace más contigua
a la esencia que el género derrama.

Lo que fuera delito en otra edad
deja los miedos de la pubertad
e inventa idealidades del delito.

Es otra forma de erotismo ardiente
y atrevido, que pasa por la mente
y goza con entrar en lo inaudito.

RAPTO

¡Vamos! –le dije– y la trepé en el anca
de mi potranca, que se hinchó de brío,
y nos fuimos cantando hacia el bajío
donde empieza a elevarse la barranca.

La desnudé sobre la yerba, blanca
de neblinas, de luna y de rocío,
junto al recodo donde duerme el río
y la corriente del pudor se estanca.

¡Nada turba la escena!: ni un rumor.
Las vírgenes del sexo y del amor
hacen de brújulas y de astrolabios.

Ella, con su pasión y mi locura…,
mientras yo recorría con premura
el mapa de su cuerpo con mis labios.


EN EL BAÑO

Para darte este baño de ternura
con mi lluvia de besos te cubrí,
y fue tan fuerte el erotismo en ti
que fui marcado por tu calentura.

En tu boca, tus senos, tu cintura…
todo ardía en un mismo frenesí;
igual temblor se apoderó de mí
y fui una parte de la quemadura.

Luego pusimos la pasión a arder,
y fue infinito el goce del placer;
como el deseo de la carne, extraño.

El amor del placer no se consume:
es así como un frasco de perfume
que sobrevive más allá del baño.


UN NIDO

Posé mis labios en tu tibio cuello
para que el cisne del amor un nido
te hiciera, sobre el árbol florecido
y perfumado, de su talle bello.

Tu erótica mirada fue un destello
que jamás otro cisne ha conocido,
y anidó… ¡Primavera había venido
para ser un fulgor de todo aquello!

Urgido de insaciables fantasías
el cisne de tus ansias y las mías
entre eróticas alas se acurruca.

Al calor de tu sangre y de tu pecho
jamás antes un cisne como lecho
tuvo un nido de nácar en tu nuca.


VIOLADO

¡No me toques! –me dijo– y la miré
con un vacío corto de por medio.
Ésta –me dije– debe ser el tedio
que vino a verme pero ya se fue.

Me tomó de la mano y la dejé
que fuese ella su mejor remedio.
Acortó la distancia en el asedio
y con locas pasiones la besé.

Entre mis brazos se rindió lo mismo
que las princesas del romanticismo…
Tócame –dijo– donde quieras, toca:

toca mis manos, mi cintura y entre
lo que te veda mi corpiño. ¡El vientre
se deshizo en panal para mi boca!


AVENTURA

Era poca la miel y la sed mucha:
Pensamos en buscar otro destino,
donde el amor signara nuestro sino
y el intento no fuera insana lucha.

Hicimos noche en la primer casucha,
que olvidada a la orilla del camino
se caía a pedazos junto a un pino
que la crudeza natural, serrucha.

Una vela alumbraba un catre viejo.
Desnudamos la lumbre del reflejo
y el candil fue señal para los dos…

Al otro día, entre hechizados nudos,
la luz del sol nos encontró desnudos
¡conforme al mundo nos trajera Dios


INMATERIAL

Era un poeta de la edad confusa
–de los tantos que viven de la rosa–
que quiso hacer un adorable diosa
de lo que sólo fue su pobre musa.

Le dio belleza de la más profusa;
vírgenes labios, tez de mariposa
y la besaba como aquella cosa
que de verdad el erotismo abusa.

Enloquecido con el “ser” fantasma
–invento suyo– tanto se entusiasma
que se invade de idílicos veranos.

Y corre como un loco por la calle
sin la blanca materia de aquel  talle
¡y dos senos quemándole las manos!


NOCTURNAL

En el lago de linfa azul violeta,
bajo el amplio reflejo de la luna,
recostada en un ceibo yace una
ninfa rosada de vestal silueta.

A los ojos lascivos  de un poeta,
la limpia cabellera lacia y bruna
resalta la belleza y la embetuna
de cierto misticismo de paleta.

El poeta le canta un himno al lago,
un lente que retrata como un mago
los senos en las aguas cristalinas.

Las aguas, a manera de un espejo,
bajo el palio lunar son un reflejo
que se tiñe de gracias femeninas


RECUERDO

Siempre recuerdo la mujer aquella
que me dijo su “no” una y mil veces,
multiplicándose como los “peces,
como los panes”, mi pasión por ella.

La vi distante como azul estrella
en mis más ardorosas desnudeces,
pero la amaba y le canté mis preces
que la elevaron cada vez más bella.

Amor platónico otros llaman a esto,
pero el impulso del amor y el gesto
cuando dejan de ser romanticismo,

aun sin tener la carne y sin tocarla,
puede darnos motivos para amarla
hasta donde nos quema el erotismo.


BÚSQUEDA

Busco a quien todo mi deseo, sepa
–como todas las cosas del delirio–
frondoso huerto del otoño. Un lirio
que por el cuerpo del hechizo trepa.

Una muchacha que en mi cuarto quepa
y sepa hacer connubio del martirio;
que sepa en la alta noche ser un cirio
para alumbrar mi desolada estepa…

Unos oídos que el clamor recogen;
unas pupilas que el deseo acogen
cuando los senos erizados tremen…

Rumor que fije donde el árbol ronda
y crezca como un nido en una fronda
para los tibios pájaros del semen.

DESFLORAMIENTO

Era en la alcoba del hotel vetusto,
rodeado de esplendor y fantasía.
Fue durante dos noches toda mía
la gracia plena del amor venusto.

Era el instante del placer augusto,
y entre eróticos besos y armonía
sediento de perfume y ambrosía,
libé las mieles del dorado busto.

El éxtasis sumó rosas fragantes
para hacer los minutos delirantes
y ofrecerme la carne por la herida.

Epiloga la urgencia en el orgasmo
y la alcoba recoge el entusiasmo
de la rosa del sexo complacida.

CAMINO DE BELÉN

Cuando una diosa mi lugar visita:
primeramente a sus ojazos miro;
de sus mejillas en el mar me tiro
y remo con las cruces de mi ermita.

Todo mi corazón se desorbita...
me rebajo a sus pies donde deliro
y por sus formas nacaradas giro
como quien un loquero necesita.

De sus muslos de mármol y marfil––
formo peldaños de ilusión febril...
y en ese mismo luminoso edén

comienzo mi ascensión hacia su talle
por el bello camino de ese valle
que conduce a la entrada de Belén.


SUBLIMACÓN

Por tus valles de carne, bajé ardido
como un río que corre y desemboca
donde el alma del tiempo se disloca...
El ayer ya es un sueño revivido.

La suerte del amor, pájaro herido,
dejó su nido en la distante roca,
y en la tibia azucena de tu boca
reconstruyó, con ilusión, un nido.

El nido creció en alas y voló
hacia otras tierras; desapareció
por las riberas de países bellos.

y ahora mi pájaro sin nido y nada,
hace un nido nostálgico en almohada
que entibiaron tus cálidos cabellos.


ÉXTASIS DE MEDIANOCHE

Por cada estrella de esta noche mía
brilla la sangre del amor ardiente;
yo ya sé que tu cielo es diferente,
más limpio, más sereno. La pedrería

que asoma de las linfas de tu ría
tiene más luces que mi sol naciente:
Tu cielo es un collar fosforescente
que cuelga de tu cuello. ¡Cómo ansía

deleitarme mi boca en tu blancura,
ser náufrago en el mar de tu cintura,
beber del pozo que tu miel derrama,

y ser, en fin, tan ciego como un niño
que piensa que si pierde tu cariño
¡pierde la luna, el sol, el panorama...!


MOROSA

Por ti, diosa, mi verso se hace rosa
que enjardina los valles de tu sueño,
junto a un río de miel donde despeño
las aguas de la sed más ardorosa.

Contigo fue la noche primorosa,
y el día más soleado y más risueño,
me sentí como rey: quizás el dueño
de los vergeles de tu mariposa.

¡Ah, qué mieles había en tus panales!
y de cuántos aromas tus rosales
circundaron mi antigua rosaleda.

Tus erectos jazmines eran dos
palomas que volaban hacia Dios
con plumaje de nácar, oro y seda.

AFIEBRADO BESO  

Después del beso que afiebrado hería
los contornos del nácar de tu cuello,
fue una llama sublime tu cabello
y en tus ojos un huerto florecía.

No sé qué néctar sin cesar fluía
de la fontana de tu talle bello,
y supe que en el ala del destello
mi pájaro de amor me renacía.

Te quedaste suspensa, delirante,
sobre blanco algodón alucinante,
junto al sueño de amor por ti tejido...

y ya no quise abandonar el lecho
de un árbol que creció desde tu pecho
para que un pájaro tuviera un nido.


EX  PROFESO

Si el amor de la carne es el exceso
que vuelve a los espíritus, felices,
vale un mundo besar las cicatrices
de la mordida que dejara el beso.

Ese amor delirante que, ex profeso
se ha dejado llevar por los deslices
siempre viene cubierto de matices,
de erotismos, ardores y embeleso.

No lo apaga ni el cierzo ni el relente
porque el fuego fulgura permanente
como  una combustión en la ceniza.

Al choque de dos cuerpos ese imán
se convierte en el magma del volcán
que erupciona la carne y la erotiza.


¡ESTA DAMA...!

Si con su gracia a mis burdeles baja,
primeramente le desrizo el pelo,
y en sus mejillas desarraigo un celo
libre de polvo, de penumbra y paja.

Mi enjuto corazón se desencaja,
se olvida de las prédicas del cielo,
y deshielan mis labios todo el hielo
que por las venas del deseo viaja.

La beso desde el pelo a la cintura;
sigo ese norte que me configura
la más perfecta estampa del vergel,

donde Eva y Adán, solos, desnudos
se ataron para siempre con los nudos
que tejieron las manos de Ella y de Él.

SEXO

El amor no es aquel arrobamiento
que a impúdicas pasiones nos empuja,
ni la fuerza diabólica que embruja
los goces pasajeros de un momento.

Debe ser un profundo sentimiento
que nos toma, nos quiere y apretuja
La flor eterna, que si más se estruja
mejor satura su perfume el viento.

La pasión de la carne, amor sexual,
puede ser inexacta; amor vacío,
si no viene hermanada a un ideal.

y el amor idealista es Inconexo,
inaceptable, incomprensible y frío
si no viene hermanado con el sexo.


VIGÍA

Desde el alto dosel del colgadizo
lanza el lente de vidrio su azagaya
y se ve la marea cuando explaya
sobre el salitre del oleaje rizo.

Un sol ardiente, de caer plomizo,
se esfuma de la última atarraya;
deja que el viento desbocado vaya
por el valle del mar. Es el hechizo,

toda luz, todo cielo... Todo ensaya
torrentes de fulgores tras la raya
que sella el horizonte tornadizo.

Un prisma de colores se desmaya
junto al borde rocoso de la playa,
y la arena empercude el colgadizo.

II

Pesca peces de lunas, El Vigía
que vela por la playa en altas horas
bajo el cielo de estrellas voladoras
que protege el confín de la bahía.

Coge perlas urgentes. Se diría
que un hato de ballenas paridoras
en un parto de mares hundidoras
parieron, en la noche, un nuevo día.

Porque Marte sacude oscuras proras,
la misión de las ansias pescadoras
su atarraya no cumple todavía.

Pero el fondo marino, de sonoras
llevadas y traídas, entre auroras
y oleajes, ¡será todo de El Vigía!

EL QUIJOTE Y SANCHO PANZA

(Homenaje a 400 años de su nacimiento)

De La Mancha en el suelo castellano
se hallaban el Quijote y su Escudero,
Sancho Panza. Un Rocinante ibero
desordenaba la extensión del llano.

Relampagueante de fulgor la mano
diestra del «ingenioso caballero»
bajo el fuerte dominio del acero
y la plomiza luz del meridiano.

Las espadas hirieron los gigantes
de hierro; cabriolaron los equinos
––imaginarias bestias de Cervantes––.

Tiñó el fuego del sable el arrebol,
y exánimes ––caballos y molinos––
chorrearon por la herida sangre y sol.

LA VETUSTA CASA DEL PLANETA

I

El huésped de la Casa de la Tierra
(se pudiera decir estirpe humana)
se debate entre ayer, hoy y mañana
y vive de la paz estando en guerra.

Cuando a la casa temporal le cierra
la puerta que conduce  a la fontana,
se limita a observar por la ventana
los postreros fulgores de la sierra.

Se muere su existir sin más salida
y, faltándole el hálito a la vida
reduce su expresión a la mitad.

Se rodea de túmulos sin lumbre
y al tornarse obsoleta muchedumbre
maldice de su propia humanidad.

II

A partir del absurdo hacinamiento
ya no ve más allá de lo que toca;
nada nuevo sus ánimos provoca
ni se sustrae del enclaustramiento.

Sigue el mundo su ruta, raudo, lento,
tal vez en marcha de existencia loca,
y el mejor día, sin saberlo, choca
contra la piedra de su sentimiento.

La humanidad entera es un ser loco
que se está destruyendo poco a poco
con las armas monótonas que inventa.

Cada vez el incendio es más voraz
pues el hombre presume de una paz
que en su fuero interior no representa.

III

La humanidad (el hombre) toma y lleva
con orgullo la antorcha del progreso,
y al mismo tiempo se le nubla eso
con las vagas neblinas de la cueva.

Cuanto más en su torpe afán se eleva
más parece estancarse en retroceso,
como si fuera insostenible el peso
que el duro sino que asumió, conlleva.

Así, cargado va de incertidumbres
y si cree que es el dueño de las cumbres
lo sacude,  de pronto, airado sismo...

Porque siempre la altura de la cima
se alza justo a la vera de la sima
que viste con sinónimo de abismo.


«Antes que cualquier hombre
todo pájaro sabía
que la tierra era redonda».
Gustavo Donoso Véliz, Chile

IV

Esta Casa, además del ser humano,
la habitan el volcán y el remolino;
la oveja, la paloma y el felino
y las fauces violentas del océano.

La habitan la lechuza y el milano
y la sierpe con diente viperino;
el perro con su espíritu canino
y del hombre el amigo más cercano.

Esta Casa, vetusta del planeta
la habitan el prosaico y el poeta;
la habitan el tahúr y el indigente.

Y en medio del estruendo y el barullo
se apagan con las risas del murmullo
los gritos de socorro de la gente.

V

La adornan majestuosos robledales
los ríos, las praderas, las montañas...
y conserva en sus íntimas entrañas
las minas de petróleos ancestrales.

El oro —superior en minerales—
que lo falso y sin luz de brillo baña,
desluce  y a la vez tuerce y engaña
la sensible visión de los mortales.

Por el oro se venden las conciencias
y se  deslumbran las inteligencias
cual débiles arbustos ante el viento...

Ese mal es tan viejo y tan profundo
que cubre  las esencias de este mundo
como un manto de vil encubrimiento.

VI

Esta Casa, mitad de paraíso
y mitad de covacha tenebrosa
le da techo a la gracia de la diosa
rubricada en alado compromiso.

Es fuego de pasión en el hechizo
de la tarde serena y luminosa,
y la esencia del cielo la desposa
con el halo solemne del bautizo.

Se acicala con tintes de arrebol
y pretende que sube al mismo Sol
a bañarse de luz en su reflejo.

Se mira en el espejo del crepúsculo
y Adán le muestra su rosado músculo
desde el lado invisible del espejo.

VII

Si brillara algún rayo de esperanza
más allá de los valles y colinas,
y arroyuelos con aguas cristalinas
trajeran la ilusión y la bonanza...

Si se vieran volar por lontananza
sobre paños de nubes blanquecinas
bandadas de radiantes golondrinas
con  cánticos de amor, música y danza.

Entonces de la fe volviera el rito,
como  voz que surgió del infinito
para darle al que sufre su consuelo,

deshacer de la Tierra el signo malo,
haciendo que fulgure como un halo
de perenne alegría, todo el cielo.

VIII

Parece que el Amor que el Niño puso
para fértil semilla en la llanura,
no pudo hacer de la pradera oscura
jardín florido y de fulgor profuso.

Quizá su mano, sin saber, dispuso
contra la gracia de otra luz más pura,
y en vez de un huerto de mejor ventura
cavó un abismo, y se marchó confuso.

Tras hablarnos de bíblica conciencia,
se fue deprisa y nos dejó la urgencia
de vivir con las almas en tropel...

Veremos si es verdad o si es mentira,
pero es claro que el gesto hurgó en la ira
del gran Dios que reinaba antes que Él.

IX

Desde entonces al hombre lo vigila
la mirada secreta de un dios alto,
que dormido en su casa de cobalto
tiene un vidrio de azogue en la pupila.

Baja a la Tierra por la tarde lila
y toma las praderas por asalto,
para ver cómo crece el sobresalto
del rebaño que al verlo se encandila.

Cuando vuelve a su casa con su luz
seguida por el signo de la cruz
la diosa de la sombra se divierte

y en hálitos de gloria transfigura
las tinieblas que invaden la llanura
con presagios miríficos  de suerte.

X

Se espera que una mano salvadora
levante del abismo la pobreza
y que reine en el globo la nobleza
del triste, del que sufre, del que llora...

Se espera que una voz liberadora
levante al desvalido. La tristeza
ya no cabe en el vaso. La pereza
¡se debe disipar ante una aurora,

que despunta, rosada, por oriente
con fulgores de un astro permanente
que se ve cada día más cercano!...

Así corre este mundo del profeta.
Así existe la «Casa del planeta»
y vive, sin vivir, el ser humano.

SOLEDAD Y MUERTE

La ciudad salvadora se derrumba.
Una furia infernal la Tierra enalba.
Vemos tiniebla donde había un alba.
La aurora yace en tenebrosa tumba.

Un viento airado intermitente zumba.
La ruina viene con su testa calva.
De este dios natural nadie se salva
ni nada evita que al pasar sucumba

la  cosa  humana.  Reducido a escombro
queda el ambiente. De dolor y asombro
se percuden la brisa, el prado, el  fuerte...

¡Se espera por la mano del Señor
que regrese a salvar a El Salvador,
hundido en pena, soledad y muerte!


LLÁMESE PEDRO O JUAN

El mundo nunca expira en su confín
ni en la charca podrida del batracio;
el mundo, según Dios, es un espacio
donde el ingenio desconoce el fin.

Las luchas de los necios es trajín
muy propio de los mozos de palacio.
¡Sus quejas sólo son un cartapacio
de inútiles papeles! De este esplín

tedioso, la ilusión se aburre y cansa...  
¡Hasta la bestia más humilde y mansa,
cuando la empujan sin cesar, patea!

Con los tontos de siempre no termina
la contienda estrambótica que arruina
los más nobles conceptos de la idea.

EL LLANTO

Frente a la tumba donde yace el llanto
no con nostalgias de ilusión tropiezo,
sino que me arrodillo y canto un rezo...  
¡más bien le empino mi gozoso canto!

La paz del hombre ha padecido tanto
que a dudar de los místicos empiezo,
quebrando con martillos de bostezo
la mudez infernal del campo santo.

De ese llanto sin causa que a deshora
cierta parte infantil del mundo llora,
ni una pizca humedece el noble suelo.

Porque el llanto vertido sin decoro
nunca puede igualar el dulce lloro
de quien sufre de veras bajo el cielo.

TRÍPTICO A COATEPEQUE

«Ciudad en flor» de El Salvador y cuna
de José Bernardo Pacheco «Nando»

I

Tú, ciudad perfumada por la brisa
del cafeto. Por ti mieles derrama
la colmena del cielo. El panorama
que circunda en tu paz de sol te irisa.

Tú, ciudad que te hiciste una sonrisa
del tamaño sin fin de tu oriflama...
Yo te quiero cantar porque me llama
la piedra de tus calles... ¡Vengo aprisa!

Quiero ser una noche huésped tuyo.
Caminar por tu campo sobre cuyo
suelo fértil se incendia el aura pura.

Quiero darme a tu voz, estar presente.
Mezclar mi sueño con los de tu gente.
¡Ser un grano de arena en tu cultura!

II

Coatepeque de soles y riachuelos;
de palomas de plumas blanquecinas,
que irrumpen en llanuras y colinas
con el arrullo de sus mansos vuelos.

El intenso azulino que en tus cielos
se inflama de fulgencias vespertinas,
se sumerge en las aguas cristalinas
y el lago de tu nombre siente celos.

Entre tu flora «intensamente verde»,
como un encanto natural se pierde
triste y monótono, el dichosofuí... *

Pericos, clarinetes y chiltotas
terminan picoteando las bellotas
que no son el manjar del colibrí.

•        Pájaro de El Salvador, que en su
•         melancólico canto se confiesa:
¡dichosofuí!

III

Coatepeque. Ciudad en flor. Mimada
y hermosa tierra. Sin igual pedazo
de América. ¡Jardín! ¡Qué noble lazo
te fundió con el monte y la llanada!

Coatepeque de ensueños. Cuna alada.
La bondad es un niño en tu regazo.
Siempre gustosa para el noble abrazo,
eres himno y conciencia y llamarada.

Tu zenzontle canoro cuelga el nido
de tu árbol de fuego, que, encendido
de hermosos tintes, la pradera nimba.

Y en tus noches nostálgicas y bellas
se desgrana el maíz de las estrellas
sobre el surco de miel de tu marimba.

LAS TRES MEDALLAS

Para ese bardo que a la lengua trata
como si fuese una moneda pobre,
traigo pulido medallón de cobre
y así le ofrezco mi noticia grata.

Que empine su infinita serenata
donde la vida del pudor zozobre;
tal vez con esto la razón recobre
y se consiga un medallón de plata.

La palabra requiere transparencia,
porque a falta de música y esencia
pierde el verbo la gracia del decoro.

Si fuera consecuente en el idioma
le podría ofrecer mejor diploma
con un radiante medallón de oro.


LO TRANSITORIO

Tenuemente se ve en la oscuridad
una imagen de dos, que yace quieta;
(digo una imagen, porque la silueta
de los dos, tiene forma de unidad).

Debe ser que el amor —necesidad
que sufren los vivientes del planeta—
sólo se logra cuando se concreta
la unión de una mitad y otra mitad.

Más tarde, si pueriles tempestades
dislocan la unidad, las dos mitades
ruedan perdidas hacia opuestos polos;

persiguen, a la vez, distintos puntos.  
¡Por eso hay tantos que vivieron juntos
y luego vagan por el mundo, solos!


EL SONETO

I

Ese mágico Sol que es el soneto
para abrir el espacio de la mente,
se transforma en la luz iridiscente
que ilumina las rutas del secreto.

Por leyes de sí mismo está sujeto.
Y si el ritmo aparece deficiente,
para el gusto elevado y exigente
nace y muere sin voces ni respeto.

He creído, quizá, que de ese hijo
que no tuve, es el vástago prolijo
que viene sin aviso y a deshora.

Cuando llega, mi mano lo acaricia,
y dulce comunión el alma inicia
por la exacta cadencia que atesora.

.II

Pero en sí, tus sonetos me trajeron
las dulces mieles de tu abeja pura,
y son más dulces que la raspadura
que las cañas de Cuba produjeron.

Del íntimo central, donde molieron
tus ojos, cañas de sutil blancura,
son los azúcares que el alma apura
y las gotas de sol que te curtieron.

Y si un aire nostálgico te embarga,
si crees que la vida es copa amarga,
con panales de amor te reciproco.

Pero nadie sabrá lo que el destino
le pone a cada  cual en su camino...
¡Yo nunca lo sabré, ni tú tampoco!

SUBLIMACIÓN

Por tus valles de carne, bajé ardido
como un río que corre y desemboca
donde el alma del tiempo se disloca...  
El ayer ya es un sueño revivido.

La suerte del amor, pájaro herido,
dejó su nido en la distante roca,
y en la tibia azucena de tu boca
reconstruyó, con ilusión, un nido.

El nido creció en alas y voló
hacia otras tierras; desapareció
por las riberas de países bellos.

Y ahora mi pájaro sin nido y nada,
hace un nido nostálgico en almohada
que entibiaron tus cálidos cabellos.

CUANDO PARTA  

Ya no me iré a la tumba con la pena
de no haber regresado al patrio suelo.  
¡Ya me pueden cubrir en hosco velo
los cementerios de la orilla ajena!

Cuando alcance la paz ultraterrena
ya la historia será sólo un desvelo,
pero yo gozaré llevando el cielo
del terruño adorado, en cada vena.

Que en la ida también abrazo el duelo
de la gente que hoy llora sin pañuelo,
mientras sufre, del tiempo, la condena,

¡poco importa! Ya tengo blanco el pelo.
Cumplí con mi deber y con mi anhelo.
¡Lo que viene después es sólo arena!

EL POZO DE LA VIDA

Ya el pozo de la vida se me agota:
y su piso de rocas, mustio, seco,
asemeja la forma de un gran hueco
donde toda existencia quedó rota.

La lluvia que lo ungiera gota a gota,
se esfumó con su nube, fleco a fleco.  
Por su oscuro costado rueda el eco
de una voz que se pierde, por remota.

Del brocal hecho boca lacia y seca
se desgrana la angustia de una mueca
parecida al erial donde me escondo...

Y al mirar hacia el lecho de granito
se rompen con la piedra de mi grito
los ardientes cristales de su fondo.

ÉXTASIS DE MEDIANOCHE

Por cada estrella de este cielo mío
brilla la sangre del amor ardiente;
yo ya sé que tu cielo es diferente,
más limpio, más sereno. El pedrerío

que asoma de la linfa de tu río    *
tiene más luces que mi sol naciente:
Tu cielo es un collar fosforescente
que cuelga de tu cuello. ¡Cómo ansío

deleitarme de nuevo en tu blancura,
ser náufrago en el mar de tu cintura,
beber del pozo que tu miel derrama,

y ser, en fin, tan ciego como un niño
que piensa que si pierde tu cariño
¡pierde la luna, el sol, el panorama...!

* Linfa  adjetivo poético: agua

PRIMOROSA

Por ti, diosa, mi verso se hace rosa
que enjardina los valles de tu sueño,
junto a un río de miel donde despeño
las aguas de la sed más ardorosa.

Contigo fue la noche primorosa,
y el día más soleado y más risueño,
me sentí como rey: quizás el dueño
de los vergeles de tu mariposa.

¡Ah, qué mieles había en  tus panales!
y de cuántos aromas tus rosales
circundaron mi antigua rosaleda.

Tus erectos jazmines eran dos
palomas que volaban hacia Dios
con plumaje de nácar, oro y seda.


¡ESTA DAMA...!

Si con su gracia a mis burdeles baja,
primeramente le desrizo el pelo,
y en sus mejillas desarraigo un celo
libre de polvo, de penumbra y paja.

Mi enjuto  corazón se desencaja,
se olvida de las prédicas del cielo,
y deshielan mis labios todo el hielo
que por las venas del deseo viaja.

La beso desde el pelo a la cintura;
sigo ese norte que me configura
la más perfecta estampa del Edén,

donde un lago con símbolos de mar
se hace oleaje perenne ante un altar
a veinte siglos de Jerusalén.

LA MARIPOSA

(Flor Nacional de Cuba)

Por tener inquietud de mariposa,
esta flor nacional del patrio suelo,
en la tarde soleada tiende el vuelo
y en una estrella tropical se posa.

Cierta elegancia femenil la endiosa
y es envidia del lirio.  Por modelo
la azucena la imita con recelo
y se desvela en el rosal la rosa.

De su nívea textura siente celo
la fuente cuando bulle rumorosa
y toda la campiña es un desvelo

de celeste belleza... Primorosa
fulge la luz que le regala el cielo
a la flor nacional: ¡La Mariposa!

EL TOCORORO

(Pájaro Nacional de Cuba)

Símbolo de la patria. Venerado
desde los tiempos de la noble gesta,
cuando la sangre, con viril protesta,
tiñó los campos. El apostolado

curtió la vida del mambí abnegado
y fue su suelo una solemne fiesta.
Y entonces una joya como ésta
disfrutó de su gloria y su legado.

Su plumaje brillaba con un brillo
de color de lucero. Como anillo
lijado al temple magistral del oro...

y en verde, rojo, y en azul y gualda
volaba con sus plumas de esmeralda
por los montes de Cuba: el Tocororo.


LA PALMA REAL CUBANA

Yo conozco los pinos y los robles
que he visto prosperar de polo a polo.  
¡Los árboles!: No olvido ni uno solo,
comprendo que los árboles son nobles.

Pero en Cuba, mi patria, un árbol crece
que se empina y que casi toca el cielo:
es la palma, la real, que tiene un vuelo
que a los mismos celajes estremece.

A su sombra, callado, pasa el río;
sus tablas me tabican el bohío
bajo yaguas y pencas del portal.

Se levanta orgullosa en la llanura,
y por ser de la patria la estructura
la nombraron: «El Árbol Nacional».

EL AVISPERO

Cuentan que un día decidió un sitiero
recorrer su heredad de punta a cabo,
y en la copa  florida de un guayabo
descubrió, sorprendido, un  avispero.

El enjambre, agresivo, salió fiero
como tigre que ataca. Como rabo
de nube tormentosa, o como nabo
que se pasó de hora en el caldero...

El sitiero roció un perfume fuerte
y el furioso avispero fue a la muerte
como si  fuese volandera chispa.

Ya no hay panales ni agresividad,
y dicen que en aquella vecindad
¡no se vislumbra ni una sola avispa!



LA CUEVA

Es de piedra su piso como el techo
y las paredes. Seriedad de roca
tiene su cara que el temor provoca
cuando yace callada en turbio lecho.

Sobre su techo crecen el helecho,
que su tapia sin mármoles disloca,
y el cacto que se eriza cuando evoca
la fértil mansedumbre del barbecho.

De piedra son sus rasgos y de piedra
sus perfiles oscuros que con hiedra
la entrada a su recinto desfigura...

Por la espesa  agonía de su calma
se pudiera decir que toda su alma
se formó de insensible grava dura.

LA PIEDRA

Ha tiempo, cuando yo viví sin tino,
y vagaba entre el viento y el chubasco,
junto a un monte de zarza y de peñasco,
me encontré con la roca del camino.  

Comprendí los dolores de mi equino
por la sangre en la llaga de su casco
y entendí que la ruta hacia Damasco
fue la ruta normal del peregrino.

El hombre, con las piedra lvida                                  
cementa su camino hacia la gloria
¡o tapia de su tumba la salida...!

A veces con la piedra tira y medra.
¡Que la piedra es principio de la historia,
y una vida sucumbe ante una piedra!

ESA PUERTA

Cuando encuentres la ruta consumida
y la puerta hacia el bien esté cerrada,
vuelve tranquilo a la primera entrada
por donde entraste a conocer la vida.

La puerta que te dio la bienvenida
nunca cierra su marco ni es tapiada
por el polvo feroz, ni condenada
todo el tiempo a negarte la salida.

Quizá la ruta se tornó extraviada
con alguna intención desconocida.
Pero el Todo, que vino de la Nada,

puede hacer una puerta de una herida.
¡Busca esa puerta siempre iluminada
por donde entraste a conocer la vida!


« En un ir y venir entre mar y tierra
Valparaíso se derrama en la hondura del
tiempo. Muestra su rostro poblado de vivencias
Y su andar de aire se graba en el espacio».
María Rosa Carrasco Peña, Chile

VALPARAÍSO

(Chile)

Ciudad de piedra y de fulgor celeste
que deslumbra la vista del viajero;
perla engarzada en cuarzos del Oeste,
joya caída de un azul lucero.

Eres almohada para que recueste,
la poesía, su candor cimero.
Atalaya de ensueños para este
minuto de buscar un sol postrero.

Pasar por ti sin desear quedarse
es lo mismo que amar para no darse
con plenitud de amor, a quien nos quiso...

Ciudad romántica y acogedora.
¡Soñé con descubrir mi nueva aurora
y al fin me deslumbró en Valparaíso!

SÍMIL DEL MAR

I

Líquido tigre en jaula  ingente
construida de playas sol y arenas;
ondas airadas curten tus melenas
y un halo de salitre se hace puente.

Distante orilla tu mirada abrasa
con fulgores de cielos sin país,
y reinos de sirenas de alma gris
perlas reciben en rocosa casa.

Cuarto creciente tu colmillo afila
y ruges de mareo en la tranquila
distancia que tu voz apenas toca...

¡Oh! mar iluminado de azul bello,
¡secuestra mi sonrisa en el destello
que aprisiona tu furia en una roca!

II

Monstruo marino de afiladas fauces
que hiere hueso y carne de la orilla
cubierta con la gracia de la arcilla
que te sujeta en apretados cauces.

La fuerza del oleaje bulle y salta
sobre una cordillera de arrecifes
cuando suelta la tarde los esquifes
y el horizonte de carmín esmalta.

El vaivén de las olas de tu vientre
abre puertas azules para que entre
la flota de los astros ––mil navíos—.

y te bebes de un sorbo casi largo,
para aliviarte del intenso amargo,
las dulces aguas de sinuosos ríos.



INCENDIO

(En tiempos actuales)

Dios tiene que sentirse muy ocupado
frente al incendio que la Tierra abrasa,
¡Desde el balcón de su celeste casa
mirará, con asombro, lo incendiado!

¿Cómo apagar el fuego desatado
que lo mejor del Paraíso arrasa?,
¿será un diluvio de candente brasa
que ni siquiera tengo programado?

¡En verdad, lo que veo no me gusta!
es que si el mismo Creador se asusta,
¡quiere decir que espera un cataclismo!

¿Prepara el Hacedor algún compendio
para que el «alma» del voraz incendio
no termine en el borde del abismo?

II

Grave fogata con pavor rojizo
quema los templos de Jerusalén
y el clamor se repite por Belén
martirizado de sufrir plomizo.

Diferente a la noche del hechizo
se ve la noche del sagrado Edén:
¡Faltan la Paz y la pasión del Bien;
falta el amor y el rezo del bautizo!

Faltarán, con los bíblicos jinetes,
los camellos cargados de juguetes...
El Jordán, cabizbajo, como un ojo

que ante el pánico vivo, lagrimea,
mezclará todo el llanto de Judea
con la fe de salitre del Mar Rojo.

Escrito en la Navidad del 2001

RÍO DE VERANO

Quité a mi casa  rejas y cerrojos
por si esta noche a mi lugar venías,
que pudieras hallar las cosas mías
y acariciarlas con intrusos ojos.

Yo vivo de recuerdos y de antojos,
ilusiones que viven de otros días
cuando tú, zalamera, me ofrecías
tus ojos negros y tus labios rojos.

Para vivir con el ardor de ayer
todavía en tu cuerpo de mujer
me seduce el amor cada verano.

Para que nunca la ternura muera
te pongo el traje de la primavera
y te desnudo con la misma mano.

Abril del 2005