Fascimil de la revista Carta Lírica
correspondiente al año de la
premiación, 2005.
Lectura de algunos de los poemas del libro
"Meditaciones, Adioses y otros Poemas,
publicado a raíz de la premiación.

     EROTISMO SENIL

Después de uno envejecer la llama
del erotismo erecto, se amortigua;
entonces arde como llama antigua
donde se goza lo que más inflama.

En este punto el sexo no reclama
nada más que la parte más exigua
de la carne que yace más contigua
a la esencia que el género derrama.

Lo que fuera delito en otra edad
deja los miedos de la pubertad
e inventa idealidades del delito.

Es otra forma de erotismo ardiente
y atrevido, que pasa por la mente
y goza con entrar en lo inaudito.

   RAPTO

¡Vamos! –le dije– y la trepé en el anca
de mi potranca, que se hinchó de brío,
y nos fuimos cantando hacia el bajío
donde empieza a elevarse la barranca.

La desnudé sobre la yerba, blanca
de neblinas, de luna y de rocío,
junto al recodo donde duerme el río
y la corriente del pudor se estanca.

¡Nada turba la escena!: ni un rumor.
Las vírgenes del sexo y del amor
hacen de brújulas y de astrolabios.

Ella, con su pasión y mi locura…,
mientras yo recorría con premura
el mapa de su cuerpo con mis labios.
    

EN EL BAÑO

Para darte este baño de ternura
con mi lluvia de besos te cubrí,
y fue tan fuerte el erotismo en ti
que fui marcado por tu calentura.

En tu boca, tus senos, tu cintura…
todo ardía en un mismo frenesí;
igual temblor se apoderó de mí
y fui una parte de la quemadura.

Luego pusimos la pasión a arder,
y fue infinito el goce del placer;
como el deseo de la carne, extraño.

El amor del placer no se consume:
es así como un frasco de perfume
que sobrevive más allá del baño.
         

UN NIDO

Posé mis labios en tu tibio cuello
para que el cisne del amor un nido
te hiciera, sobre el árbol florecido
y perfumado, de su talle bello.

Tu erótica mirada fue un destello
que jamás otro cisne ha conocido,
y anidó… ¡Primavera había venido
para ser un fulgor de todo aquello!

Urgido de insaciables fantasías
el cisne de tus ansias y las mías
entre eróticas alas se acurruca.

Al calor de tu sangre y de tu pecho
jamás antes un cisne como lecho
tuvo un nido de nácar en tu nuca.

        
VIOLADO

¡No me toques! –me dijo– y la miré
con un vacío corto de por medio.
Ésta –me dije– debe ser el tedio
que vino a verme pero ya se fue.

Me tomó de la mano y la dejé
que fuese ella su mejor remedio.
Acortó la distancia en el asedio
y con locas pasiones la besé.

Entre mis brazos se rindió lo mismo
que las princesas del romanticismo…
Tócame –dijo– donde quieras, toca:

toca mis manos, mi cintura y entre
lo que te veda mi corpiño. ¡El vientre
se deshizo en panal para mi boca!

  
AVENTURA

Era poca la miel y la sed mucha:
Pensamos en buscar otro destino,
donde el amor signara nuestro sino
y el intento no fuera insana lucha.

Hicimos noche en la primer casucha,
que olvidada a la orilla del camino
se caía a pedazos junto a un pino
que la crudeza natural, serrucha.

Una vela alumbraba un catre viejo.
Desnudamos la lumbre del reflejo
y el candil fue señal para los dos…

Al otro día, entre hechizados nudos,
la luz del sol nos encontró desnudos
¡conforme al mundo nos trajera Dios

      
INMATERIAL

Era un poeta de la edad confusa
–de los tantos que viven de la rosa–
que quiso hacer un adorable diosa
de lo que sólo fue su pobre musa.

Le dio belleza de la más profusa;
vírgenes labios, tez de mariposa
y la besaba como aquella cosa
que de verdad el erotismo abusa.

Enloquecido con el “ser” fantasma
–invento suyo– tanto se entusiasma
que se invade de idílicos veranos.

Y corre como un loco por la calle
sin la blanca materia de aquel  talle
¡y dos senos quemándole las manos!
     

NOCTURNAL

En el lago de linfa azul violeta,
bajo el amplio reflejo de la luna,
recostada en un ceibo yace una
ninfa rosada de vestal silueta.

A los ojos lascivos  de un poeta,
la limpia cabellera lacia y bruna
resalta la belleza y la embetuna
de cierto misticismo de paleta.

El poeta le canta un himno al lago,
un lente que retrata como un mago
los senos en las aguas cristalinas.

Las aguas, a manera de un espejo,
bajo el palio lunar son un reflejo
que se tiñe de gracias femeninas
          

RECUERDO

Siempre recuerdo la mujer aquella
que me dijo su “no” una y mil veces,
multiplicándose como los “peces,
como los panes”, mi pasión por ella.

La vi distante como azul estrella
en mis más ardorosas desnudeces,
pero la amaba y le canté mis preces
que la elevaron cada vez más bella.

Amor platónico otros llaman a esto,
pero el impulso del amor y el gesto
cuando dejan de ser romanticismo,

aun sin tener la carne y sin tocarla,
puede darnos motivos para amarla
hasta donde nos quema el erotismo.


        BÚSQUEDA

Busco a quien todo mi deseo, sepa
–como todas las cosas del delirio–
frondoso huerto del otoño. Un lirio
que por el cuerpo del hechizo trepa.

Una muchacha que en mi cuarto quepa
y sepa hacer connubio del martirio;
que sepa en la alta noche ser un cirio
para alumbrar mi desolada estepa…

Unos oídos que el clamor recogen;
unas pupilas que el deseo acogen
cuando los senos erizados tremen…

Rumor que fije donde el árbol ronda
y crezca como un nido en una fronda
para los tibios pájaros del semen.

DESFLORAMIENTO

Era en la alcoba del hotel vetusto,
rodeado de esplendor y fantasía.
Fue durante dos noches toda mía
la gracia plena del amor venusto.

Era el instante del placer augusto,
y entre eróticos besos y armonía
sediento de perfume y ambrosía,
libé las mieles del dorado busto.

El éxtasis sumó rosas fragantes
para hacer los minutos delirantes
y ofrecerme la carne por la herida.

Epiloga la urgencia en el orgasmo
y la alcoba recoge el entusiasmo
de la rosa del sexo complacida.

CAMINO DE BELÉN

Cuando una diosa mi lugar visita:
primeramente a sus ojazos miro;
de sus mejillas en el mar me tiro
y remo con las cruces de mi ermita.

Todo mi corazón se desorbita...
me rebajo a sus pies donde deliro
y por sus formas nacaradas giro
como quien un loquero necesita.

De sus muslos de mármol y marfil––
formo peldaños de ilusión febril...
y en ese mismo luminoso edén

comienzo mi ascensión hacia su talle
por el bello camino de ese valle
que conduce a la entrada de Belén.


SUBLIMACÓN

Por tus valles de carne, bajé ardido
como un río que corre y desemboca
donde el alma del tiempo se disloca...
El ayer ya es un sueño revivido.

La suerte del amor, pájaro herido,
dejó su nido en la distante roca,
y en la tibia azucena de tu boca
reconstruyó, con ilusión, un nido.

El nido creció en alas y voló
hacia otras tierras; desapareció
por las riberas de países bellos.

y ahora mi pájaro sin nido y nada,
hace un nido nostálgico en almohada
que entibiaron tus cálidos cabellos.


ÉXTASIS DE MEDIANOCHE

Por cada estrella de esta noche mía
brilla la sangre del amor ardiente;
yo ya sé que tu cielo es diferente,
más limpio, más sereno. La pedrería

que asoma de las linfas de tu ría
tiene más luces que mi sol naciente:
Tu cielo es un collar fosforescente
que cuelga de tu cuello. ¡Cómo ansía

deleitarme mi boca en tu blancura,
ser náufrago en el mar de tu cintura,
beber del pozo que tu miel derrama,

y ser, en fin, tan ciego como un niño
que piensa que si pierde tu cariño
¡pierde la luna, el sol, el panorama...!


MOROSA

Por ti, diosa, mi verso se hace rosa
que enjardina los valles de tu sueño,
junto a un río de miel donde despeño
las aguas de la sed más ardorosa.

Contigo fue la noche primorosa,
y el día más soleado y más risueño,
me sentí como rey: quizás el dueño
de los vergeles de tu mariposa.

¡Ah, qué mieles había en tus panales!
y de cuántos aromas tus rosales
circundaron mi antigua rosaleda.

Tus erectos jazmines eran dos
palomas que volaban hacia Dios
con plumaje de nácar, oro y seda.

AFIEBRADO BESO  

Después del beso que afiebrado hería
los contornos del nácar de tu cuello,
fue una llama sublime tu cabello
y en tus ojos un huerto florecía.

No sé qué néctar sin cesar fluía
de la fontana de tu talle bello,
y supe que en el ala del destello
mi pájaro de amor me renacía.

Te quedaste suspensa, delirante,
sobre blanco algodón alucinante,
junto al sueño de amor por ti tejido...

y ya no quise abandonar el lecho
de un árbol que creció desde tu pecho
para que un pájaro tuviera un nido.


EX  PROFESO

Si el amor de la carne es el exceso
que vuelve a los espíritus, felices,
vale un mundo besar las cicatrices
de la mordida que dejara el beso.

Ese amor delirante que, ex profeso
se ha dejado llevar por los deslices
siempre viene cubierto de matices,
de erotismos, ardores y embeleso.

No lo apaga ni el cierzo ni el relente
porque el fuego fulgura permanente
como  una combustión en la ceniza.

Al choque de dos cuerpos ese imán
se convierte en el magma del volcán
que erupciona la carne y la erotiza.


¡ESTA DAMA...!

Si con su gracia a mis burdeles baja,
primeramente le desrizo el pelo,
y en sus mejillas desarraigo un celo
libre de polvo, de penumbra y paja.

Mi enjuto corazón se desencaja,
se olvida de las prédicas del cielo,
y deshielan mis labios todo el hielo
que por las venas del deseo viaja.

La beso desde el pelo a la cintura;
sigo ese norte que me configura
la más perfecta estampa del vergel,

donde Eva y Adán, solos, desnudos
se ataron para siempre con los nudos
que tejieron las manos de Ella y de Él.

                SEXO

El amor no es aquel arrobamiento
que a impúdicas pasiones nos empuja,
ni la fuerza diabólica que embruja
los goces pasajeros de un momento.

Debe ser un profundo sentimiento
que nos toma, nos quiere y apretuja
La flor eterna, que si más se estruja
mejor satura su perfume el viento.

La pasión de la carne, amor sexual,
puede ser inexacta; amor vacío,
si no viene hermanada a un ideal.

y el amor idealista es Inconexo,
inaceptable, incomprensible y frío
si no viene hermanado con el sexo.


VIGÍA

Desde el alto dosel del colgadizo
lanza el lente de vidrio su azagaya
y se ve la marea cuando explaya
sobre el salitre del oleaje rizo.

Un sol ardiente, de caer plomizo,
se esfuma de la última atarraya;
deja que el viento desbocado vaya
por el valle del mar. Es el hechizo,

toda luz, todo cielo... Todo ensaya
torrentes de fulgores tras la raya
que sella el horizonte tornadizo.

Un prisma de colores se desmaya
junto al borde rocoso de la playa,
y la arena empercude el colgadizo.

II

Pesca peces de lunas, El Vigía
que vela por la playa en altas horas
bajo el cielo de estrellas voladoras
que protege el confín de la bahía.

Coge perlas urgentes. Se diría
que un hato de ballenas paridoras
en un parto de mares hundidoras
parieron, en la noche, un nuevo día.

Porque Marte sacude oscuras proras,
la misión de las ansias pescadoras
su atarraya no cumple todavía.

Pero el fondo marino, de sonoras
llevadas y traídas, entre auroras
y oleajes, ¡será todo de El Vigía!

EL QUIJOTE Y SANCHO PANZA

(Homenaje a 400 años de su nacimiento)

De La Mancha en el suelo castellano
se hallaban el Quijote y su Escudero,
Sancho Panza. Un Rocinante ibero
desordenaba la extensión del llano.

Relampagueante de fulgor la mano
diestra del «ingenioso caballero»
bajo el fuerte dominio del hacer
y la plomiza luz del meridiano.

Las espadas hirieron los gigantes
de hierro; cabriolaron los equinos
––imaginarias bestias de Cervantes––.

Tiñó el fuego del sable el arrebol,
y exánimes ––caballos y molinos––
chorrearon por la herida sangre y sol.

LA VETUSTA CASA DEL PLANETA

I

El huésped de la Casa de la Tierra
(se pudiera decir estirpe humana)
se debate entre ayer, hoy y mañana
y vive de la paz estando en guerra.

Cuando a la casa temporal le cierra
la puerta que conduce  a la fontana,
se limita a observar por la ventana
los postreros fulgores de la sierra.

Se muere su existir sin más salida
y, faltándole el hálito a la vida
reduce su expresión a la mitad.

Se rodea de túmulos sin lumbre
y al tornarse obsoleta muchedumbre
maldice de su propia humanidad.

II

A partir del absurdo hacinamiento
ya no ve más allá de lo que toca;
nada nuevo sus ánimos provoca
ni se sustrae del enclaustramiento.

Sigue el mundo su ruta, raudo, lento,
tal vez en marcha de existencia loca,
y el mejor día, sin saberlo, choca
contra la piedra de su sentimiento.

La humanidad entera es un ser loco
que se está destruyendo poco a poco
con las armas monótonas que inventa.

Cada vez el incendio es más voraz
pues el hombre presume de una paz
que en su fuero interior no representa.

III

La humanidad (el hombre) toma y lleva
con orgullo la antorcha del progreso,
y al mismo tiempo se le nubla eso
con las vagas neblinas de la cueva.

Cuanto más en su torpe afán se eleva
más parece estancarse en retroceso,
como si fuera insostenible el peso
que el duro sino que asumió, conlleva.

Así, cargado va de incertidumbres
y si cree que es el dueño de las cumbres
lo sacude,  de pronto, airado sismo...

Porque siempre la altura de la cima
se alza justo a la vera de la sima
que viste con sinónimo de abismo.


«Antes que cualquier hombre
todo pájaro sabía
que la tierra era redonda».
Gustavo Donoso Véliz, Chile

IV

Esta Casa, además del ser humano,
la habitan el volcán y el remolino;
la oveja, la paloma y el felino
y las fauces violentas del océano.

La habitan la lechuza y el milano
y la sierpe con diente viperino;
el perro con su espíritu canino
y del hombre el amigo más cercano.

Esta Casa, vetusta del planeta
la habitan el prosaico y el poeta;
la habitan el tahúr y el indigente.

Y en medio del estruendo y el barullo
se apagan con las risas del murmullo
los gritos de socorro de la gente.

V

La adornan majestuosos robledales
los ríos, las praderas, las montañas...
y conserva en sus íntimas entrañas
las minas de petróleos ancestrales.

El oro —superior en minerales—
que lo falso y sin luz de brillo baña,
desluce  y a la vez tuerce y engaña
la sensible visión de los mortales.

Por el oro se venden las conciencias
y se  deslumbran las inteligencias
cual débiles arbustos ante el viento...

Ese mal es tan viejo y tan profundo
que cubre  las esencias de este mundo
como un manto de vil encubrimiento.

VI

Esta Casa, mitad de paraíso
y mitad de covacha tenebrosa
le da techo a la gracia de la diosa
rubricada en alado compromiso.

Es fuego de pasión en el hechizo
de la tarde serena y luminosa,
y la esencia del cielo la desposa
con el halo solemne del bautizo.

Se acicala con tintes de arrebol
y pretende que sube al mismo Sol
a bañarse de luz en su reflejo.

Se mira en el espejo del crepúsculo
y Adán le muestra su rosado músculo
desde el lado invisible del espejo.

VII

Si brillara algún rayo de esperanza
más allá de los valles y colinas,
y arroyuelos con aguas cristalinas
trajeran la ilusión y la bonanza...

Si se vieran volar por lontananza
sobre paños de nubes blanquecinas
bandadas de radiantes golondrinas
con  cánticos de amor, música y danza.

Entonces de la fe volviera el rito,
como  voz que surgió del infinito
para darle al que sufre su consuelo,

deshacer de la Tierra el signo malo,
haciendo que fulgure como un halo
de perenne alegría, todo el cielo.

VIII

Parece que el Amor que el Niño puso
para fértil semilla en la llanura,
no pudo hacer de la pradera oscura
jardín florido y de fulgor profuso.

Quizá su mano, sin saber, dispuso
contra la gracia de otra luz más pura,
y en vez de un huerto de mejor ventura
cavó un abismo, y se marchó confuso.

Tras hablarnos de bíblica conciencia,
se fue deprisa y nos dejó la urgencia
de vivir con las almas en tropel...

Veremos si es verdad o si es mentira,
pero es claro que el gesto hurgó en la ira
del gran Dios que reinaba antes que Él.

IX

Desde entonces al hombre lo vigila
la mirada secreta de un dios alto,
que dormido en su casa de cobalto
tiene un vidrio de azogue en la pupila.

Baja a la Tierra por la tarde lila
y toma las praderas por asalto,
para ver cómo crece el sobresalto
del rebaño que al verlo se encandila.

Cuando vuelve a su casa con su luz
seguida por el signo de la cruz
la diosa de la sombra se divierte

y en hálitos de gloria transfigura
las tinieblas que invaden la llanura
con presagios miríficos  de suerte.

X

Se espera que una mano salvadora
levante del abismo la pobreza
y que reine en el globo la nobleza
del triste, del que sufre, del que llora...

Se espera que una voz liberadora
levante al desvalido. La tristeza
ya no cabe en el vaso. La pereza
¡se debe disipar ante una aurora,

que despunta, rosada, por oriente
con fulgores de un astro permanente
que se ve cada día más cercano!...

Así corre este mundo del profeta.
Así existe la «Casa del planeta»
y vive, sin vivir, el ser humano.

SOLEDAD Y MUERTE

La ciudad salvadora se derrumba.
Una furia infernal la Tierra enalba.
Vemos tiniebla donde había un alba.
La aurora yace en tenebrosa tumba.

Un viento airado intermitente zumba.
La ruina viene con su testa calva.
De este dios natural nadie se salva
ni nada evita que al pasar sucumba

la  cosa  humana.  Reducido a escombro
queda el ambiente. De dolor y asombro
se percuden la brisa, el prado, el  fuerte...

¡Se espera por la mano del Señor
que regrese a salvar a El Salvador,
hundido en pena, soledad y muerte!


LLÁMESE PEDRO O JUAN

El mundo nunca expira en su confín
ni en la charca podrida del batracio;
el mundo, según Dios, es un espacio
donde el ingenio desconoce el fin.

Las luchas de los necios es trajín
muy propio de los mozos de palacio.
¡Sus quejas sólo son un cartapacio
de inútiles papeles! De este esplín

tedioso, la ilusión se aburre y cansa...  
¡Hasta la bestia más humilde y mansa,
cuando la empujan sin cesar, patea!

Con los tontos de siempre no termina
la contienda estrambótica que arruina
los más nobles conceptos de la idea.

EL LLANTO

Frente a la tumba donde yace el llanto
no con nostalgias de ilusión tropiezo,
sino que me arrodillo y canto un rezo...  
¡más bien le empino mi gozoso canto!

La paz del hombre ha padecido tanto
que a dudar de los místicos empiezo,
quebrando con martillos de bostezo
la mudez infernal del campo santo.

De ese llanto sin causa que a deshora
cierta parte infantil del mundo llora,
ni una pizca humedece el noble suelo.

Porque el llanto vertido sin decoro
nunca puede igualar el dulce lloro
de quien sufre de veras bajo el cielo.

TRÍPTICO A COATEPEQUE

«Ciudad en flor» de El Salvador y cuna
de José Bernardo Pacheco «Nando»

I

Tú, ciudad perfumada por la brisa
del cafeto. Por ti mieles derrama
la colmena del cielo. El panorama
que circunda en tu paz de sol te irisa.

Tú, ciudad que te hiciste una sonrisa
del tamaño sin fin de tu oriflama...
Yo te quiero cantar porque me llama
la piedra de tus calles... ¡Vengo aprisa!

Quiero ser una noche huésped tuyo.
Caminar por tu campo sobre cuyo
suelo fértil se incendia el aura pura.

Quiero darme a tu voz, estar presente.
Mezclar mi sueño con los de tu gente.
¡Ser un grano de arena en tu cultura!

II

Coatepeque de soles y riachuelos;
de palomas de plumas blanquecinas,
que irrumpen en llanuras y colinas
con el arrullo de sus mansos vuelos.

El intenso azulino que en tus cielos
se inflama de fulgencias vespertinas,
se sumerge en las aguas cristalinas
y el lago de tu nombre siente celos.

Entre tu flora «intensamente verde»,
como un encanto natural se pierde
triste y monótono, el dichosofuí... *

Pericos, clarinetes y chiltotas
terminan picoteando las bellotas
que no son el manjar del colibrí.

•        Pájaro de El Salvador, que en su
•         melancólico canto se confiesa:
¡dichosofuí!

III

Coatepeque. Ciudad en flor. Mimada
y hermosa tierra. Sin igual pedazo
de América. ¡Jardín! ¡Qué noble lazo
te fundió con el monte y la llanada!

Coatepeque de ensueños. Cuna alada.
La bondad es un niño en tu regazo.
Siempre gustosa para el noble abrazo,
eres himno y conciencia y llamarada.

Tu zenzontle canoro cuelga el nido
de tu árbol de fuego, que, encendido
de hermosos tintes, la pradera nimba.

Y en tus noches nostálgicas y bellas
se desgrana el maíz de las estrellas
sobre el surco de miel de tu marimba.

LAS TRES MEDALLAS

Para ese bardo que a la lengua trata
como si fuese una moneda pobre,
traigo pulido medallón de cobre
y así le ofrezco mi noticia grata.

Que empine su infinita serenata
donde la vida del pudor zozobre;
tal vez con esto la razón recobre
y se consiga un medallón de plata.

La palabra requiere transparencia,
porque a falta de música y esencia
pierde el verbo la gracia del decoro.

Si fuera consecuente en el idioma
le podría ofrecer mejor diploma
con un radiante medallón de oro.


LO TRANSITORIO

Tenuemente se ve en la oscuridad
una imagen de dos, que yace quieta;
(digo una imagen, porque la silueta
de los dos, tiene forma de unidad).

Debe ser que el amor —necesidad
que sufren los vivientes del planeta—
sólo se logra cuando se concreta
la unión de una mitad y otra mitad.

Más tarde, si pueriles tempestades
dislocan la unidad, las dos mitades
ruedan perdidas hacia opuestos polos;

persiguen, a la vez, distintos puntos.  
¡Por eso hay tantos que vivieron juntos
y luego vagan por el mundo, solos!


EL SONETO

I

Ese mágico Sol que es el soneto
para abrir el espacio de la mente,
se transforma en la luz iridiscente
que ilumina las rutas del secreto.

Por leyes de sí mismo está sujeto.
Y si el ritmo aparece deficiente,
para el gusto elevado y exigente
nace y muere sin voces ni respeto.

He creído, quizá, que de ese hijo
que no tuve, es el vástago prolijo
que viene sin aviso y a deshora.

Cuando llega, mi mano lo acaricia,
y dulce comunión el alma inicia
por la exacta cadencia que atesora.

.II

Pero en sí, tus sonetos me trajeron
las dulces mieles de tu abeja pura,
y son más dulces que la raspadura
que las cañas de Cuba produjeron.

Del íntimo central, donde molieron
tus ojos, cañas de sutil blancura,
son los azúcares que el alma apura
y las gotas de sol que te curtieron.

Y si un aire nostálgico te embarga,
si crees que la vida es copa amarga,
con panales de amor te reciproco.

Pero nadie sabrá lo que el destino
le pone a cada  cual en su camino...
¡Yo nunca lo sabré, ni tú tampoco!

SUBLIMACIÓN

Por tus valles de carne, bajé ardido
como un río que corre y desemboca
donde el alma del tiempo se disloca...  
El ayer ya es un sueño revivido.

La suerte del amor, pájaro herido,
dejó su nido en la distante roca,
y en la tibia azucena de tu boca
reconstruyó, con ilusión, un nido.

El nido creció en alas y voló
hacia otras tierras; desapareció
por las riberas de países bellos.

Y ahora mi pájaro sin nido y nada,
hace un nido nostálgico en almohada
que entibiaron tus cálidos cabellos.

CUANDO PARTA  

Ya no me iré a la tumba con la pena
de no haber regresado al patrio suelo.  
¡Ya me pueden cubrir en hosco velo
los cementerios de la orilla ajena!

Cuando alcance la paz ultraterrena
ya la historia será sólo un desvelo,
pero yo gozaré llevando el cielo
del terruño adorado, en cada vena.

Que en la ida también abrazo el duelo
de la gente que hoy llora sin pañuelo,
mientras sufre, del tiempo, la condena,

¡poco importa! Ya tengo blanco el pelo.
Cumplí con mi deber y con mi anhelo.
¡Lo que viene después es sólo arena!

EL POZO DE LA VIDA

Ya el pozo de la vida se me agota:
y su piso de rocas, mustio, seco,
asemeja la forma de un gran hueco
donde toda existencia quedó rota.

La lluvia que lo ungiera gota a gota,
se esfumó con su nube, fleco a fleco.  
Por su oscuro costado rueda el eco
de una voz que se pierde, por remota.

Del brocal hecho boca lacia y seca
se desgrana la angustia de una mueca
parecida al erial donde me escondo...

Y al mirar hacia el lecho de granito
se rompen con la piedra de mi grito
los ardientes cristales de su fondo.

ÉXTASIS DE MEDIANOCHE

Por cada estrella de este cielo mío
brilla la sangre del amor ardiente;
yo ya sé que tu cielo es diferente,
más limpio, más sereno. El pedrerío

que asoma de la linfa de tu río    *
tiene más luces que mi sol naciente:
Tu cielo es un collar fosforescente
que cuelga de tu cuello. ¡Cómo ansío

deleitarme de nuevo en tu blancura,
ser náufrago en el mar de tu cintura,
beber del pozo que tu miel derrama,

y ser, en fin, tan ciego como un niño
que piensa que si pierde tu cariño
¡pierde la luna, el sol, el panorama...!

* Linfa  adjetivo poético: agua

PRIMOROSA

Por ti, diosa, mi verso se hace rosa
que enjardina los valles de tu sueño,
junto a un río de miel donde despeño
las aguas de la sed más ardorosa.

Contigo fue la noche primorosa,
y el día más soleado y más risueño,
me sentí como rey: quizás el dueño
de los vergeles de tu mariposa.

¡Ah, qué mieles había en  tus panales!
y de cuántos aromas tus rosales
circundaron mi antigua rosaleda.

Tus erectos jazmines eran dos
palomas que volaban hacia Dios
con plumaje de nácar, oro y seda.


¡ESTA DAMA...!

Si con su gracia a mis burdeles baja,
primeramente le desrizo el pelo,
y en sus mejillas desarraigo un celo
libre de polvo, de penumbra y paja.

Mi enjuto  corazón se desencaja,
se olvida de las prédicas del cielo,
y deshielan mis labios todo el hielo
que por las venas del deseo viaja.

La beso desde el pelo a la cintura;
sigo ese norte que me configura
la más perfecta estampa del Edén,

donde un lago con símbolos de mar
se hace oleaje perenne ante un altar
a veinte siglos de Jerusalén.

LA MARIPOSA

(Flor Nacional de Cuba)

Por tener inquietud de mariposa,
esta flor nacional del patrio suelo,
en la tarde soleada tiende el vuelo
y en una estrella tropical se posa.

Cierta elegancia femenil la endiosa
y es envidia del lirio.  Por modelo
la azucena la imita con recelo
y se desvela en el rosal la rosa.

De su nívea textura siente celo
la fuente cuando bulle rumorosa
y toda la campiña es un desvelo

de celeste belleza... Primorosa
fulge la luz que le regala el cielo
a la flor nacional: ¡La Mariposa!

EL TOCORORO

(Pájaro Nacional de Cuba)

Símbolo de la patria. Venerado
desde los tiempos de la noble gesta,
cuando la sangre, con viril protesta,
tiñó los campos. El apostolado

curtió la vida del mambí abnegado
y fue su suelo una solemne fiesta.
Y entonces una joya como ésta
disfrutó de su gloria y su legado.

Su plumaje brillaba con un brillo
de color de lucero. Como anillo
lijado al temple magistral del oro...

y en verde, rojo, y en azul y gualda
volaba con sus plumas de esmeralda
por los montes de Cuba: el Tocororo.


LA PALMA REAL CUBANA

Yo conozco los pinos y los robles
que he visto prosperar de polo a polo.  
¡Los árboles!: No olvido ni uno solo,
comprendo que los árboles son nobles.

Pero en Cuba, mi patria, un árbol crece
que se empina y que casi toca el cielo:
es la palma, la real, que tiene un vuelo
que a los mismos celajes estremece.

A su sombra, callado, pasa el río;
sus tablas me tabican el bohío
bajo yaguas y pencas del portal.

Se levanta orgullosa en la llanura,
y por ser de la patria la estructura
la nombraron: «El Árbol Nacional».

EL AVISPERO

Cuentan que un día decidió un sitiero
recorrer su heredad de punta a cabo,
y en la copa  florida de un guayabo
descubrió, sorprendido, un  avispero.

El enjambre, agresivo, salió fiero
como tigre que ataca. Como rabo
de nube tormentosa, o como nabo
que se pasó de hora en el caldero...

El sitiero roció un perfume fuerte
y el furioso avispero fue a la muerte
como si  fuese volandera chispa.

Ya no hay panales ni agresividad,
y dicen que en aquella vecindad
¡no se vislumbra ni una sola avispa!



LA CUEVA

Es de piedra su piso como el techo
y las paredes. Seriedad de roca
tiene su cara que el temor provoca
cuando yace callada en turbio lecho.

Sobre su techo crecen el helecho,
que su tapia sin mármoles disloca,
y el cacto que se eriza cuando evoca
la fértil mansedumbre del barbecho.

De piedra son sus rasgos y de piedra
sus perfiles oscuros que con hiedra
la entrada a su recinto desfigura...

Por la espesa  agonía de su calma
se pudiera decir que toda su alma
se formó de insensible grava dura.

LA PIEDRA

Ha tiempo, cuando yo viví sin tino,
y vagaba entre el viento y el chubasco,
junto a un monte de zarza y de peñasco,
me encontré con la roca del camino.  

Comprendí los dolores de mi equino
por la sangre en la llaga de su casco
y entendí que la ruta hacia Damasco
fue la ruta normal del peregrino.

El hombre, con las piedra lvida                                  
cementa su camino hacia la gloria
¡o tapia de su tumba la salida...!

A veces con la piedra tira y medra.
¡Que la piedra es principio de la historia,
y una vida sucumbe ante una piedra!

ESA PUERTA

Cuando encuentres la ruta consumida
y la puerta hacia el bien esté cerrada,
vuelve tranquilo a la primera entrada
por donde entraste a conocer la vida.

La puerta que te dio la bienvenida
nunca cierra su marco ni es tapiada
por el polvo feroz, ni condenada
todo el tiempo a negarte la salida.

Quizá la ruta se tornó extraviada
con alguna intención desconocida.
Pero el Todo, que vino de la Nada,

puede hacer una puerta de una herida.
¡Busca esa puerta siempre iluminada
por donde entraste a conocer la vida!


« En un ir y venir entre mar y tierra
Valparaíso se derrama en la hondura del
tiempo. Muestra su rostro poblado de vivencias
Y su andar de aire se graba en el espacio».
María Rosa Carrasco Peña, Chile

VALPARAÍSO

(Chile)

Ciudad de piedra y de fulgor celeste
que deslumbra la vista del viajero;
perla engarzada en cuarzos del Oeste,
joya caída de un azul lucero.

Eres almohada para que recueste,
la poesía, su candor cimero.
Atalaya de ensueños para este
minuto de buscar un sol postrero.

Pasar por ti sin desear quedarse
es lo mismo que amar para no darse
con plenitud de amor, a quien nos quiso...

Ciudad romántica y acogedora.
¡Soñé con descubrir mi nueva aurora
y al fin me deslumbró en Valparaíso!

SÍMIL DEL MAR

I

Líquido tigre en jaula  ingente
construida de playas sol y arenas;
ondas airadas curten tus melenas
y un halo de salitre se hace puente.

Distante orilla tu mirada abrasa
con fulgores de cielos sin país,
y reinos de sirenas de alma gris
perlas reciben en rocosa casa.

Cuarto creciente tu colmillo afila
y ruges de mareo en la tranquila
distancia que tu voz apenas toca...

¡Oh! mar iluminado de azul bello,
¡secuestra mi sonrisa en el destello
que aprisiona tu furia en una roca!

II

Monstruo marino de afiladas fauces
que hiere hueso y carne de la orilla
cubierta con la gracia de la arcilla
que te sujeta en apretados cauces.

La fuerza del oleaje bulle y salta
sobre una cordillera de arrecifes
cuando suelta la tarde los esquifes
y el horizonte de carmín esmalta.

El vaivén de las olas de tu vientre
abre puertas azules para que entre
la flota de los astros ––mil navíos—.

y te bebes de un sorbo casi largo,
para aliviarte del intenso amargo,
las dulces aguas de sinuosos ríos.



INCENDIO

(En tiempos actuales)

Dios tiene que sentirse muy ocupado
frente al incendio que la Tierra abrasa,
¡Desde el balcón de su celeste casa
mirará, con asombro, lo incendiado!

¿Cómo apagar el fuego desatado
que lo mejor del Paraíso arrasa?,
¿será un diluvio de candente brasa
que ni siquiera tengo programado?

¡En verdad, lo que veo no me gusta!
es que si el mismo Creador se asusta,
¡quiere decir que espera un cataclismo!

¿Prepara el Hacedor algún compendio
para que el «alma» del voraz incendio
no termine en el borde del abismo?

II

Grave fogata con pavor rojizo
quema los templos de Jerusalén
y el clamor se repite por Belén
martirizado de sufrir plomizo.

Diferente a la noche del hechizo
se ve la noche del sagrado Edén:
¡Faltan la Paz y la pasión del Bien;
falta el amor y el rezo del bautizo!

Faltarán, con los bíblicos jinetes,
los camellos cargados de juguetes...
El Jordán, cabizbajo, como un ojo

que ante el pánico vivo, lagrimea,
mezclará todo el llanto de Judea
con la fe de salitre del Mar Rojo.

Escrito en la Navidad del 2001

RÍO DE VERANO

Quité a mi casa  rejas y cerrojos
por si esta noche a mi lugar venías,
que pudieras hallar las cosas mías
y acariciarlas con intrusos ojos.

Yo vivo de recuerdos y de antojos,
ilusiones que viven de otros días
cuando tú, zalamera, me ofrecías
tus ojos negros y tus labios rojos.

Para vivir con el ardor de ayer
todavía en tu cuerpo de mujer
me seduce el amor cada verano.

Para que nunca la ternura muera
te pongo el traje de la primavera
y te desnudo con la misma mano.

Abril del 2005

INALÁMBRICA

Extraño tu palabra si no llega
por el hilo invisible del correo;
lejana como estrella azul te veo;
la luna de tu  cielo casi ciega.

¡Cómo la luz de tu palabra riega
mi jardín agostado de ajetreo!
Me crece el corazón por el deseo
del agua que la vida ya me niega.

No me niegues tu río ni tu fuente
ni te vuelvas un valle indiferente...
Mis pájaros se mueren sin nidales.

Permite que los ricos surtidores
que te llenan de lirios y rumores
fertilicen de nuevo mis eriales.

AFIEBRADO BESO

Después del beso que afiebrado hería
los contornos del nácar de tu cuello,
fue una llama sublime tu cabello
y en tus ojos un huerto florecía.

No sé qué néctar sin cesar fluía
de la fontana de tu talle bello,
y supe que en el ala del destello
mi pájaro de amor me renacía.

Te quedaste suspensa, delirante,
sobre blanco algodón alucinante,
junto al sueño de amor por ti tejido...

y ya no quise abandonar el lecho
de un árbol que creció desde tu pecho
para que un pájaro tuviera un nido.

HURACÁN DE OTRO AGOSTO

Katrina vino con maldad felina:
nos la vendieron como niña boba
y resulta que fue mucho más loba
que la loba del monte de la espina.

Nos distrajo con gracia femenina:
con sayuela de bruja y con  escoba
barrió barrios por mil... ¡Casi joroba
la Ruta de Coral... esta Katrina!

A cambio de la luz nos dejó el agua
y ahora Miami parece una piragua
mecida por la fuerza de un tsunami.

¡Un ciclón: uno más de nuestra serie
que deja sin piedad y a la intemperie
las tórridas palmeras de este Miami!

Coral Way, calle de Miami

Otra opción para los versos  10 y 14:
10) «y hoy Miami parece una piragua»
14) «las tórridas palmeras de Miami»

25 de agosto del 2005
Francisco Henríquez
Unión de Reyes, Cuba, 1928
carta_lirica@yahoo.com

fhenriquez@bellsouth.net